por Keyvan Antonio Heydari

Luto es una reaccion sicológica, física y social a una pérdida. La muerte de Don Luis Villarejo ha cercenado un pedazo de todos los que están vinculados con el fútbol en Puerto Rico, aún si no lo conocieron personalmente.

Yo sentí un pesar profundo con la muerte de Luis Villarejo. He guardado silencio y recogido impresiones e historias de esa decencia desbordante que Don Luis hizo su brújula.

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Ante la muerte de los queridos, los judíos practican «shiva», sentarse por siete días tras la muerte y entierro, y algunos agregan otros tres días de aislamiento para meditar y lamentos. Los musulmanes comparten los siete días. En las culturas indígenas de America, el espíritu nunca muere, y en tradición católica la tradicional novena de rosarios nos trae al presente.

Siento que faltaba un retrato público más completo de Don Luis. Por esto hablé con mucho, incluyendo horas conversando con un amigo de mi juventud: Luisito Villarejo, hijo de Don Luis.

Buen mozo y deportista, Don Luis trazó un rumbo nuevo y llegó a Puerto Rico en 1956 como baterista del show del mago Richardine (con «e»), y los ritmos y vaivenes de la Isla del Encanto lo capturaron. Conoció a Margot Debén, actriz e hija del mago, en Madrid. Margot era estrella del show de «Richardine», que iba de gira por toda America Latina, y luego se casaron.

Don Luis cambió la portería de su juventud por el mediocampo tras sufrir una lesión en el hombro, y desde el mediocampo su entendimiento de la táctica del fútbol le permitía jugar hasta superar los 40 años en ligas de la Isla. Pasó a ser seleccionador de Puerto Rico, árbitro internacional, y federativo. Fue el técnico cuando Puerto Rico perdió 10-0 contra los Cosmos de Pelé en 1975.

«Futbol era su pasión. estaba en sus venas», cuenta su hijo Luisito. «Lo único que he escuchado son cosas buenas de él. Era un ente facilitador y queria lo mejor para el fútbol». El fútbol lo rejuvenecia. Él se sentia muy útil».

Su jugador favorito era Alfredo di Stefano del Real Madrid campeón de cinco Copas de Europa consecutivas. Y aunque tuvo la dicha de ver a Maradona, Pelé, Messi y Cristiano, y hasta su muerte consideraba a la Saeta Rubia el mejor de la historia.

Y aunque el desarrollo del balompie en la Isla, en Añasco y el oeste, el arbitraje (con boricuas asignados a competencias internacionales) le agradaron, el discontínuo desarrollo del fútbol no pudo haberle gustado.

Todos en el fútbol tenemos una deuda con Don Luis.

«Don Luis dejó dos legados. Uno filosofico y otro de obras. Dentro del legado de obras esta la organización de la Liga Superior, y las selecciones nacionales. En el aspecto filósofico fue su compromiso y su pasión por el fútbol. Echar pa’lante el fútbol no podía ser parado por la controversia. El objetivo era más importante que la controversia que tenemos siempre», destacó Joe Serralta, ex presidente de la Fedefutbol PR.

Personajes enfrentados en la política del balompie local se alinean, sin embargo, en elogios para Villarejo.
«Luis Villarejo es un puertorriqueño que no nació en Puerto Rico. Yo lo comparo al [músico argentino] Tony Croatto. Croatto escribió su puertoriqueñidad con la música, como otros boricuas no lo han hecho. Eso hizo Luis con el fútbol», señaló Esteban Rodríguez Estrella, ex secretario general y ex presidente de la FPF.

El actual presidente de la FPF, Eric Labrador, expresó: «Aqui podía ‘tirarse’ todo el mundo, pero Don Luis era una figura que todos respetaban. Nos inspiró con su dedicación, sencillez y eterna sonrisa. [Villarejo] ha pasado por todas las administraciones, ayudando, cooperando y fomentando el fútbol…En su funeral yo dije ‘todo lo que se pueda decir de Don Luis, no alcanza a resumir su pasión deportiva y su compromiso de vida con el fútbol de nuestra tierra».

Aunque me lleva varios años, Luisito y yo jugábamos béisbol en el mismo lugar, la cancha de Perpetuo Socorro en Miramar y vivíamos en el mismo edificio. Vendedor de ropa europea lo llevaba por toda la Isla, los fines de semana, Don Luis buscaba las canchas y el fútbol. Luisito recuerda el primer gol olímpico que jamás vio, obra de su padre en Baldrich.

Don Luis se opuso a la firma de Luisito – entonces con 16 años – como pitcher profesional con un bono de $10,000. «Imagínate lo que era ese dinero en aquellos tiempos», apuntala Luisito. A los 18 repitió la exigencia que su hijo estudiara y Luisito se marchó a Miami. Pelotero de altura, Luisito llegó a la Universidad de Miami a perseguir su sueño, y entonces venía a comer a casa nuestra. Tras un traspaso a Tulane, de donde se graduó, a unas semanas Don Luis nuevamente le impidió firmar contrato.

Luisito explica la lección de su padre. Listo para partir hacia Rochester, sucursal de AAA de los Orioles de Baltimore, en 1978, se fracturó el antebrazo en Puerto Rico. Don Luis entró al cuarto del hospital tras la operación. «Fue ahí que me dijo: ‘Ahora entenderás por qué no te dejé firmar. Eso me pasó a mí también, y no quería que no tuvieses estudios'», cuenta Luisito, ahora asesor financiero.

En misa en el Auxilio Mutuo el 26 de enero, contaron que ese día vieron a Don Luis llorar. Luis Villarejo padre también vio sus sueños deportivos truncados por una lesión cuando era joven. Pero el deporte nutrió a Don Luis de muchas maneras. Cuenta Luisito que Don Luis jugaba de portero con soldados de la guerra civil española, y éstos le daban comida al chaval para llevar a su casa.

SU INFLUENCIA
Sin saberlo, Don Luis influyó en mi vida, sembrando interés en un deporte que fue una pasión y vocación, que luego se convirtió en profesión y después en pasaporte para ver el mundo entero. Recuerdo haber visto un partido del Mundial -en aquel entonces en blanco y negro – en su apartamento.

Un colega y compatriota suyo, Mr. Eres fue el entrenador de nuestro equipo en Perpetuo Socorro. Recuerdo la alegría de anotar dos goles en mi primer partido. Luego de algunos compromisos más, desapareció nuestra liguita y volvimos a jugar pelota y baloncesto, deporte que no convenía para todos.

Lo veía cada vez que visitaba la Isla, aunque hubo un paréntesis de casi 20 años sin pisar Puerto Rico. Pero Don Luis, constante como siempre, vivía en el mismo edificio de Miramar – pero otro apartamento – donde nos conocimos. «Uno conoce a la gente cuando uno juega a las cartas, hace negocio con ellos, o vive con ellos», opina la entonces administradora de ese edificio, Carmen Vázquez. «Nunca tuve un problema con Don Luis. Era tan decente». Vázquez es mi mamá, y yo recuerdo haber ido al apartamento de los Villarejo a ver juegos mundialistas (en blanco y negro). Ese deficit futbolero traté de suplirlo de otras maneras. No recuerdo si le dije a Don Luis que en Brasil cumplí con una marca de 100 partidos de Copa Mundial en vivo, y a todo color en la cancha.

En cierto modo, él se sintió realizado de alguna manera cuando llegó nada más y nada menos que la selección campeona del mundo, España, a jugar el 24 de agosto de 2012 en su isla de adopción. Se sintió en la gloria. Allí, lo abordé, sabiendo que estando en una órbita muy lejana a las capitales del fútbol, pero ahora llegaba a Borinquen el campeón del mundo con todos los quilates fútboleros. Ese día, cuando entrenó la Roja en el Loubriel, llevó su carnet de socio del Real Madrid, e hicimos la corta entrevista que sale en este link:
Why did Puerto Rico play Spain? The craziest game in soccer on Vimeo

Lo vi inspirar a un teenager de la Isla, que quería «entrevistarlo» sobre el deporte. Pospusimos una entrevista más extensa a un futuro, pero aún con otro viaje a la Isla, no lo senté para hablar en cámara y sumar a la historia oral de un fútbol menospreciado. Una oportunidad perdida. Esto ahonda la pérdida de testigos y protagonistas del futbol boricua como los recién fallecidos [periodista] Tony Lorenti y [el portero] Lito Gotay.

Aún sin cobrar un exiguo salario mensual en la FPF, mantenerse cerca de la pasión de su vida era importante. «Don Luis se sentaba a explicaba cosas del fútbol por horas con toda la paciencia del mundo», recuerda Elizabeth Figueroa, que fungió en el departamento de mercadeo de la FPF. «El vivía para el fútbol. Un marco de referencia brutal. Aunque se enfermaba, estaría al día siguente».

En la página de la FPF, un réquiem destaca sus logros deportivos y federativos, pero el recorte del 11 de febrero de 1966 en El Mundo, cuando el titular «Boricua Luis Villarejo Optiene [sic] ‘sobresaliente’ en Curso Arbitraje en Chile». dice mucho del hombre y fútbol de la Isla.

Muchos en Puerto Rico recuerdan momentos de gentileza de Villarejo, y en esa manera el legado de Don Luis se construye por acciones que suman un mosaico del hombre. A pesar de las pugnas internas, «Papi hablaba bien de todo el mundo», asevera Luisito.

Don Luis, que pena que no podremos sentarnos más a hablar de fútbol. Sobre todo que parece que se arraigará definitavamente en tu nueva tierra.

NACIO: 18 de noviembre, 1926, Madrid
MURIO: 13 de enero, 2015 en el hospital Auxilio Mutuo de Hato Rey.
Sobreviven su mujer Vilma Córdoba, un hermano en Madrid, Rafael Villarejo, su hijo Luisito y su hija Angela Meyer, dos nietas – (Maria de los Angeles y Natalia – y una bisnieta.

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