Una carta de amor a la Seleccion de Puerto Rico

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Jugadores del Orlando City FC y el Equipo Nacional de Puerto Rico posan para las cámaras justo antes de iniciar el reciente partido amistoso #FuerzaPuertoRico. (Suministrada FPF)

Saludos mis amigos, espero que ustedes y su familia estén bien mientras esperamos que esta pandemia termine finalmente. Como les dije la semana pasada esta columna seria dedicada al amistoso «Fuerza Puerto Rico» jugado el 4 de noviembre del 2017 entre Orlando City y la selección de Puerto Rico.

Antes de describir la noche de este juego, tenemos que hablar de mí. Como lo he dicho antes, nací y me crie en Bayamón. Soy la sexta generación nacida en la ciudad vaquera por parte de mi abuela paterna, Providencia. Viví en esa ciudad los primeros 18 años de mi vida.

Mi amor por los deportes se lo debo a mi abuelo materno, Santos, que era un fanático del beisbol hasta la muerte. Los NY Yankees y los Cangrejeros de Santurce, sus equipos favoritos. Pero siempre le tenía tiempo para toda competición deportiva.

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¡Y más si era un equipo de PR!, no importaba si era una competencia de mirar pintura secar. ¡El hombre natural de Puerto Diablo, Vieques apoyaba con su “Puerto Rico…Puerto Rico!». Les confieso que ahora mismo lagrimas se me vinieron a los ojos al recordar su voz.

Como todo boricua que ha dejado su tierra, no fue una decisión fácil. Ya para el 1994, mis estudios terminados, decidí enlistarme en la Marina de Guerra de los EU. Atrás quedaron mis amigos y familiares y los paisajes familiares de mi barrio y de mi gente. Ese mismo año se jugó la Copa del Mundo en EU y mi amor por el futbol nació.

«Where are you from?!» (¿de dónde eres?!) fue la primera cosa que salía de los labios de la gente cuando me conocían por primera vez. Con 5’2 de estatura y 120 libras de peso (1.6 metros, 54 kg) y 18 años mal contados parecía más un niño de escuela intermedia que un marino de la poderosa armada de los E.U.A, armado de mi acento de recién llegado y ojos de pez fuera del agua. Navegue el mundo fuera de mi tierra y los míos por primera vez.

Mientras en mis viajes aprendí más y más acerca del futbol en Europa y el Medio Oriente. Al pasar los años el acento se desapareció, y mi hablar más pausado, más seguro de mí. ¡¿Y a la pregunta “de dónde eres?!» era respondida con un «Porto Rico», ya la memoria de mi isla era lejana. La Copa del Mundo de 1998 me encontró viviendo en Orlando, lugar que he llamado casa por 20 de los 26 años en los estados.

Ya para ese entonces el futbol no era algo alienígena, si no un juego familiar y el cual entendía casi a la perfección. La historia ahora se mueve al año 2017, ya mis abuelos habían fallecido, mis papas llevaban 10 años residiendo en Orlando, tenía 11 años de casado y mis hijos tenían 9 y 8 años respectivamente. Orlando City estaba en su 3ra temporada en la MLS y recién estrenando nuevo estadio.

Si me preguntaban “¡¿de dónde eres?!» la respuesta ahora era un enfático «¡Orlando!”. Ese mismo año escuche que la liga NASL tendría un equipo de expansión en PR. El Puerto Rico Football Club, su dueño el baloncelista de la NBA de ascendencia puertorriqueña, Carmelo Anthony. ¡¿Y como yo no iba a incluir a los » naranja» como parte de mi panteón de equipos a los que sigo?!.

Ese mismo año fui a PR con mi familia por primera vez; en ese entonces lo que me quedaba de familia en PR eran 2 primas y un tío en Rio Grande, y una tía y dos primos en Bayamón. El resto de mi familia esparcidos por los Estados Unidos. Mi intención era que mis hijos visitaran la tierra de sus ancestros. Inclusive nos quedamos en un hotel en Bayamón para estar más cerca del terruño. El mismo sábado que llegamos teníamos planes de ir a ver a el PRFC, equipo que tenía a dos pasados leones en su plantilla. Sidney Rivera (2015), y a Giuseppe Gentile (2014). Pero calcule nuestro viaje mal, nos levantamos a la 1 am (0100) para un vuelo de 5:30 am (0530).

Cuando llegamos a nuestro hotel a las 9 am nuestro cuarto no estuvo listo si no hasta las 5:30 pm (1730). Cuando llegamos al famoso estadio Juan Ramon Loubriel de Bayamón mis hijos y esposa estaban cansados. El juego fue contra el Jacksonville Armada, donde militó la leyenda del OC Miguel Gallardo y quien se retiró la temporada anterior. Fue un aburrido 0-0. Con estos predicamentos no me dio tiempo de saludar al elenco de «Rueda la Naranja» podcast que escuchaba fielmente y donde mi coanfitrión de Tiro de Esquina, Kenneth Ortiz era parte.

En esa semana recorrimos las montañas y los valles de mi PR, mientras yo con orgullo gritaba «¡¿miren eso muchachos!» mis hijos miraban con poco interés, para luego enterrar sus ojos en su tableta. Mi esposa que no es hispana me daba una sonrisa de piedad en cada uno de esos momentos. El amor no nace de la noche a la mañana y no se puede «aprender».

Para mí fue un viaje de redescubrirme, de enamorarme con mi primer amor, la tierra que me forjo. Finalmente nos montamos en el avión y no hemos regresado desde ese entonces. Dos meses luego, 2 huracanes categoría 5 destrozaron al archipiélago puertorriqueño. ¿Quién se lo hubiera imaginado?, con semanas de diferencia, PR entero se encontró sin electricidad, comunicaciones y agua potable. Comunidades quedaron aisladas gracias a la perdida de puentes y carreteras. Las islas municipio de Vieques y Culebra completamente incomunicadas con el resto de PR y el mundo.

En Florida fuimos abatidos por el huracán Irma, pero en cuestión de días nos repusimos. Este mismo fue el primer golpe a PR, que el huracán María terminaría fulminando a un pueblo entero hasta doblegar rodilla. En Orlando miramos con horror los reportes que llegaron de PR. Toda la comunidad de Orlando y de la Florida se movilizo para mandar suministros y ayudas.

La situación era apocalíptica, en ese desborde de ayuda el club Orlando City anuncio que tendrían un amistoso con la Selección de PR y todos los dineros recaudados serian donados al gobierno de la Isla. Aquí hago un detente, todos los puertorriqueños sabemos el desastre que fue la distribución de ayuda y dinero por parte del gobierno territorial, además del arrastre de pies del gobierno federal. Si ese dinero llego a las manos que lo necesitaron, no sé.

Pero en los días después del huracán las escuelas, entidades religiosas, gobiernos locales e individuos recogieron de todo para ayudar a sus conciudadanos en la Isla. Mientras esto ocurrió, el PRFC terminó jugando sus últimos juegos de local en la Florida. Sin electricidad y el Loubriel recibiendo daños estructurales fuertes, era imposible continuar. Una fría noche de miércoles en Kissimmee yo y mi hijo menor junto a unos 150 «bravos» los vimos derrotar a Edmonton FC. Luego de esto el equipo y la liga desaparecerían por falta de solvencia.

La esperada noche de juego llegó, la temporada de la MLS terminó con los Leones nuevamente fuera de la postemporada. Este amistoso sería la última vez que el capitán del equipo, Kaká, estaría en cancha. Sería la primera vez para mí de ver a la selección en vivo y estaba super ansioso. Esa noche mi hijo mayor se quedó en casa ya que tenía una fiebre, así que yo, mi esposa e hijo menor nos dirigimos al 655 West church street a vitorear al Huracán Azul.

Esa noche los visitantes serian » los míos», con casi 8 mil personas el evento se consideró un éxito. Lamentablemente una personalidad de radio de PR tenía un show en Kissimmee esa misma noche que le resto público al amistoso. Armado de mi camiseta de la selección, entramos al estadio que estaba de fiesta y vestido de rojo, blanco y azul. El orgullo de gallito de PR se me subió al pecho, cuando miembros de la federación me vieron con mi camiseta oficial y me dijeron » ¡gracias por venir!».

Si alguien estaba sorprendido por el apoyo y la asistencia fue la Federación y el equipo mismo. Por razones ajenas a mí, en PR el futbol europeo especialmente el español, se ve superior al producto de la MLS. Mientras que decenas de Boricuas se desempeñan en la MLS, USL y NWSL. La federación y el fanático de a pie en la isla solo tiene ojos para el futbol Ibérico.

El mote de la «liga de retiro» es el enemigo de la MLS, a pesar de que la liga sigue creciendo en afición y prestigio a nivel mundial. La realidad es que un niño de 5 años en PR hoy tiene más posibilidad de adulto de ser un estelar en la MLS que en una liga europea. Además que el fanático promedio se puede dar cita más veces a un juego de MLS en la costa este de los EU que viajar a una ciudad europea.

El juego comenzó con los himnos de «La Borinqueña» y «Star Spangled Banner». Yo no soy de cantar en público. En nuestra sinagoga mis hijos saben que yo apenas muevo los labios durante la liturgia y las canciones de adoración. Mucho menos cantar nuestro himno nacional en público en los juegos de la MLS. Esa noche el conocido salsero Tito Nieves, y su nombre se me escapa, fue reclutado para cantar la Borinqueña, y les tengo que decir que yo prefiero la letra de Lola Rodríguez de Tío a la letra de colonizado que tiene el himno de PR, hoy día.

Al comenzar la primera estrofa me encontré cantando en alta voz, y con mi mano en el pecho, mi voz entre cortada y lágrimas en los ojos. Mi hijo y esposa me miraron asombrados. En nuestra sección, la sección 2, era el único boricua y mi voz se escuchaba solitaria, pero a medida que progreso el tiempo, más se me unieron.

El David Valentín de Bayamón, PR había regresado esa noche, los recuerdos de mi familia en esa bendita Isla me golpearon de momento al mirar a esos 11 muchachos, muchos de ellos que se criaron en barrios como el mío. Representando nuestros colores en un momento tan difícil. Especialmente cuando la gente de la isla no los podía ver.

Mi orgullo no se podía esconder. Pero no fue hasta el minuto 19 cuando el boricua David Caban le ataja un pase a Jonathan Spector con dirección a Richie Lareya al tope del área de penalti y lo pone a la izquierda del portero Earl Edwards JR, que el estadio se quería caer. Yo brinque y grite un “GOOOOOOOOOOOOOLLLLLLLLLLLLLL, ¡¡¡PU***EEEEEEETAAAAAAAA!!!» que me salió del alma, de hecho se me puede ver en las primeras filas y del lado izquierdo de la pantalla en el video de «highlights» de la noche esto es en el minuto :23 del video de 2:41 minutos.

Eso me salió del alma, del mismo centro de mi corazón, del lugar donde había almacenado mi puertorriqueñidad tantos años atrás. Donde se comen las eses en las palabras y las erres se cambian por eles. Donde el cantar del Coquí nos da serenata para dormir, y el susurro de las olas nos acarician el oído. Donde la sombra de la montaña nos resguarda del sol, y el olor a café va complementado con un “¡buenos días!» y una sonrisa.

Puerto Rico, la tierra donde en cada esquina te encuentras a alguien que es experto en todos los temas, y tiene la solución a todos los problemas. Donde se odia a los políticos, pero vota siempre por los mismos. Donde todo el mundo es tu «brodel», o tu pana o tu primo. La tierra de los aguaceros, y las congestiones de tráfico. El lugar donde le tienen terror a la palabra anexión e independencia, donde son ultranacionalistas en casa y más americanos que Donald Trump cuando viajan internacionalmente.

El lugar donde la familia va primero, y tu barrio y tus panas son familia extendida. De ahí vengo YO, ¡¡YO SOY BORICUA!!!. Y fue el fétbol en esa fresca noche de noviembre casi 3 años atrás la que me recordó eso. Al final el talento, veterinaria y acople de OC se impuso. El capítulo final de la leyenda mundial de futbol, Kaká, fue ayudando a PR. Marcador final 6-1 a favor de Orlando. El Gol de la selección sería el ultimo que anotarían en los próximos 3 años.

Luego del juego compre la camiseta conmemorativa del evento que la selección vendió esa noche. Para el desespero de todos los presentes, el equipo de PR abandono el terreno de juego rápidamente, dejando a miles con ganas de una foto y de un saludo o abrazo. Me imagino como en PR no hay tanto apoyo ni les paso por la mente hacer eso.

Vi al excapitán, Héctor «Pito» Ramos, firmando autógrafos y rápidamente me quite la camiseta para que me la firmara. Le recordé que lo vi en Kissimmee con el PRFC. Caso que se acordó, y mi esposa me tiro una foto, que es de las más atesoradas por mí. De camino a casa mi sonrisa estaba de par en par. ¡Vi a los míos darlo todo en cancha!

Lamentablemente el futbol de Puerto Rico ha dado pasos agigantados hacia atrás. El nacionalismo de cartón se ha apoderado de muchos que ignoran a los muchachos de ascendencia puertorriqueña en los EU y los tienen de menos. Ignoran las oportunidades de acoplarse con la federación de los EU para aprender y desarrollar talentos.

La recesión económica, ya perfilándose a su segunda década y la masiva perdida de población, pone al fútbol y a los deportes al fondo de listas de prioridades del gobierno de PR. No sé dónde y cuando veré al Huracán Azul nuevamente, pero créanme, que lo hare esperando el momento para gritar “¡¡¡¡¡¡GOOOOOOOOOOLLLLLLLLL PUE***ETAAAAAAA!!!!!!» una vez mas.

Esto ha sido una carta de amor a la Selección de Puerto Rico, de un hijo que se encontraba perdido.

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