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Los mundiales de FIFA tienen dos cosas que no pueden escapar del diario vivir en cada esquina del globo terráqueo.

Una es que se paraliza toda acción cotidiana en todos los países, aún en aquellos que no son los doscientos once (211) que forman su matrícula. Mañana, tarde y noche es el tema obligado durante el mes de competencia, inclusive, cuando solo quedarán los finalistas de los treinta y dos iniciales.

La otra es que todo el mundo sabe de fútbol y se expresan con toda la fuerza convencionalista que lo que dicen es correcto. Muchos de ellos, hasta juran que lo dicho es cierto y que han estado en dos mundiales y eso les autoriza a dar cátedra sobre el deporte. ¡Que muchos conocedores del fútbol hay en el mundo! Y en Puerto Rico no es la excepción. Les cuento.

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Tomaba mi apasionada taza de café mañanero en un restaurante que visito consecuentemente. Era el inicio del Mundial Rusia 2018 y comenzaba a llegar gente. Unos con camisetas de Argentina, otros con unas de Brasil y uno con una de Venezuela. Muy ufano, preguntó cuando le tocaba a Venezuela y contra quien. Nadie le contestó.

Antes del comienzo del partido, dos “expertos” discutían sobre si el balón no tocaba la malla del fondo de la portería valía el gol.

Algunos eran más francos y preguntaban sobre las decisiones del árbitro y que era eso del VAR (Video Assistant Referee), que es la verificación electrónica que por primera vez se usa en un mundial.

La pregunta repetitiva de los que conocen de fútbol y de aquellos interesados en el deporte era: ¿estará Puerto Rico alguna vez en un mundial? La pregunta saltaba de mesa en mesa, hasta que alguien me miró fijamente y me la hizo.

No tardé en responderle.

Si, pero necesitamos unas condiciones que nos permitan llegar al selecto grupo mundialista. Comenzaba a explicar, cuando noté que el grupo a mí alrededor crecía y que la mañana se iba a alargar y me perdería el partido. Vimos la primera mitad y en el descanso, volvieron a mi mesa. Y no me podía reusar a explicar, desde mis experiencias y conocimientos, si nuestra isla en alguna ocasión pudiera escuchar La Borinqueña en uno de los grandes estadios de un mundial.

Y recurrí al ejemplo que todos observarían, en los encuentros programados en este mundial de Rusia. Me refiero a Panamá, que por vez primera cualifica a un mundial.

Hace diez años Panamá comenzó el desarrollo del fútbol base y estableció lo que Don Pepe Seda (QDEP) llamó el trípode deportivo para el desarrollo del deporte. Estas tres patas son: Programación, Liderato e Instalaciones deportivas. Antes de que comenzara el Plan Foward de la FIFA, ya Panamá lo había iniciado.

Si, podemos llegar a un mundial, pero tenemos que trazar el rumbo que lo permita. Terminó el partido. Me tuve que quedar. Demostraban ansiedad por saber nuestras posibilidades. Volví a Panamá para explicar someramente su método exitoso.

En Panamá hay once (11) provincias (aquí se conocen por regiones y son seis (6) pero no están ejerciendo sus funciones.) En el Istmo existe una Liga Panameña de Fútbol de primera categoría con diez (10) clubes; una Liga Nacional de Ascenso, de segunda categoría, con once (11) clubes; La Copa Remmuel Fernández, de tercera categoría, con veinte y tres (23) clubes y la Liga Distritorial de Fútbol, de cuarta categoría, para el desarrollo del fútbol base, en las once provincias.

Hacía rato se había terminado el partido y uno de camiseta de Argentina, con un 10 en la espalda me miró y me dijo: “si Panamá pudo, ¿Por qué nosotros no?”

Si les explico estaríamos allí hasta el cierre del negocio. Les prometí que al otro día les explicaría y el mismo señor me dijo: “no nos falle.” Y no les fallaré… ni a ustedes.

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