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En los 25 años que llevo trabajando en fútbol, son pocas las alegrías que me ha dado el de Puerto Rico. Se pueden contar con los dedos de una mano. El 1-2 contra España. La Sub-20 de Puebla. La Olímpica femenina de Dallas. La Selección Mayor femenina cuya protesta dio la vuelta al mundo, opacando un aguerrido empate contra Argentina. La semifinal mexicana de los Islanders. Como decía abuelita, la de Condado, few and far between.

Imaginesen mi alegría cuando hace 2 semanas se comunicó conmigo un representante, exjugador de carrera notable en Argentina y Chile, a indagar sobre uno de los jugadores insignes, cuyo nombre no divulgo, del futbol puertorriqueño. Repito, vino donde mí, yo no ofrecí al jugador. Al parecer, venia siguiendo al nuestro por años. Pensaba que podía interesar a varios equipos sudacas, entre ellos el América de Cali.

Perdón. ¿El América de Cali? ¿El mismo América de Cali que llegó a 4 finales de la Libertadores y que una vez la IFFHS clasificó como el 2do mejor equipo del mundo solo detrás de la Juve? Si, ese mismo América de Cali. Hace años que estoy curado de todo espanto, pero esto me erizó los pelos.

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El interés del cuadro paisa no progresó, pero que un representante, quien compartió cancha con grandísimos jugadores, se animara a ofrecer a semejante institución, un futbolista boricua formado en Puerto Rico, me llenó el pecho de tanto orgullo que me quitó el aliento.

Toda esa euforia quedó en nada este sábado. Sentado frente a mi computadora, estaba a la espera de la final de la PRSL, un partido prometedor entre el eterno Quintana, inspirado por el mágico Jackie Marrero y un interesante equipo Cenicienta, el desconocido pero sorpresivo, Las Piedras FC. Podrán entender mi consternación cuando el partido se canceló. Cancelado, no suspendido. Y no por las inclemencias del tiempo, no, fue, como tantas pasa veces en Puerto Rico (piense avión a Venezuela), por inclemencias de las mentes pequeñitas que dominan nuestro país y nuestro futbol.

El partido se canceló porque Las Piedras, en rabieta típica de cuadro chiquitito, pensó que el reglamento les aplicaba a todos menos a ellos. Los picapiedras se rajaron, porque las autoridades no le permitieron alinear un jugador que acarreaba 2 fechas de suspensión. Porque no sabían que lo habían suspendido. Un jugador que se llevó una roja por pegarle a su propio compañero de equipo. No sabían que estaba suspendido.

No pude contener la rabia y cuando llegó la inevitable nota de FBnet lancé uno de mis acostumbrados latigazos en los comentarios. Sin filtros y con todas las malas intenciones llame las cosas por su nombre: la conducta de Las Piedras fue un bochornoso gesto de cobardía y un insulto, para la liga, el futbol puertorriqueño y el municipio de Las Piedras. Una vez más, la falta de respeto, ética e inteligencia mancha el fútbol puertorriqueño como la cascara de un plátano de estiércol.

Como era de esperarse, salieron los roedores de la malla. Apareció Pablo Mármol, un jugador de la plantilla picapiedra, a justificar lo injustificable, usando como excusa sandeces sobre “familia” y “talento”. Así como lo leen, los cracks de Las Piedras rehusaron jugar por familia y talento. Hubiese respetado el intelecto del Sr. Mármol más si hubiese escrito las cosas como son. No señor, no, no y no, ni familia ni talento, aquí lo que hubo es miedo y falta de profesionalismo. Así de sencillo.

Hablar de “familia” es absurdamente risible cuando todo esté rollo empezó porque dos “hermanos” de la tan unida familia von Rockentein se enfrascaron a las bofetás. Así es, en esta “familia” los brodels se entran a puños. ¿Se puede llamar familia a un equipo artificial que solo existe para que la PRSL pudiera decir que tenía seis equipos? ¿Cuán profundos deben ser los lazos familiares en un plantel creado de un día pa’otro, justo anteayer? ¿Qué clase de familia puede ser, poblada como lo es Las Piedras FC, de jugadores libres y deambulantes, los infames ronin de la mitología samurái, que probablemente nunca habían jugado juntos, mucho menos pisado ese bendito lecho de piedra?

La otra excusa del Sr. Mármol, fue algo relacionado al talento. Cuando oigo esa palabra en el contexto del fútbol borinquense, me hierve la sangre. Es el lloriqueo cansón que se escucha cuando, por enésima vez, una de nuestras selecciones cae eliminada sin llegar a nada. Ahí es cuando se escucha ese lamento borincano, el “en Puerto Rico hay talento.” Son la crítica y excusa que se lanzan como dardos a la Federación porque trae un Ñemerson o Nuyodriguez a la sele, en vez de reclutar a los humildes cracks que hay milagrosamente regados por toda la isla, sin que nadie los descubra.

Déjeme explicarle algo cavernícolas. El talento es un diamante en bruto, hay que encontrarlo, cortarlo y pulirlo para que tenga valor. Un diamante no expira, pero en fútbol si usted a los 20 años no ha llegado a una primera división real, créame, usted no tiene talento y a lo más que puede aspirar es a patear piedras en un fanguero. La prueba está en la realidad. Siempre se habla de talento cuando enviamos a alguien a 5ta en una liga extranjera. ¿Si son tan talentosos, porque nunca llegan a primera? No tiene que ser España o Inglaterra. Me conformo con Colombia o la MLS. ¿No sabe, verdad que no? Nada más con el testigo.

La realidad, me parece a mí, no tiene nada que ver con familia y talento y todo que ver con miedo y falta de ética y profesionalismo. Según me cuentan personas que estuvieron presentes en este vergonzoso fiasco, Tony Martínez, el apoderado de Las Piedras, fue donde cada uno de sus jugadores a exhortarles a que jugaran. Se negaron.

¿A quién le entra por la cabeza desperdiciar una oportunidad de ganar un campeonato? ¿Saben lo improbable que es que un grupo de troncos mercenarios que ningún otro equipo quería lleguen a una final contra un grande como Quintana? A mi juicio, solo alguien a quien poco le importa el valor de lo que logró y con miedo a jugar. Alguien que sabe que se enfrenta sin su bully mayor a un grande con reputación de bravo.

Las Piedras FC despreció al municipio que los acogió y sus jugadores le faltaron el respeto a la camiseta, por más recién nacida que sea, que le dio una oportunidad de ganar algo importante cuando ningún otro club daba ni un peso por ellos. Le escupieron en la cara a todos los que trabajaron para que la cancha y el ambiente estuvieran a la altura del compromiso. Humillaron al alcalde, que quizás por primera vez, iba a presenciar un partido de futbol de Puerto Rico e iba a conferir el honor de un trofeo entregándolo personalmente al equipo ganador. Han insultado al futbol de Puerto Rico. Han insultado a un gran rival como Quintana, entregándole una victoria pírrica sin la gloria que nace de los grandes esfuerzos. Estos son daños irreparables que merecen justicia seria.

Ojalá que la Federación tome cartas en el asunto, como mínimo con suspensiones y multas, aunque expulsiones de por vida no estarían de más. Tomen nota clubes también, ninguna de sus plantillas le debe dar espacio a jugadores como estos que avergüenzan a nuestra isla y nuestro fútbol.

Nota editorial: Fútbol Boricua (FBNET) Inc., ni sus patrocinadores, se solidarizan necesariamente con las expresiones vertidas en esta columna.

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