Lunes 24 de junio de 2013

Esteban Guevara/FBNET

El fútbol y el amor, dos sentimientos tan grandes como el Estadio Camp Nou. Para quienes hemos convertido al primero en una pasión, nos resulta muy fácil concebir ambos conceptos interrelacionados; me explico: amamos el fútbol casi como a nuestra madre, ni siquiera osamos imaginar la vida sin él (o sin nuestra progenitora), y siempre nos identificamos plenamente con quien siente lo mismo que nosotros, tal viajero que visita Tierra Santa y encuentra allí a algún compatriota.

Esa concepción es común en prácticamente todo jugador profesional de fútbol. Un tipo que se gana la vida jugando balompié desarrollará un amor por su trabajo, se preocupará por rendir y cumplir siempre, adaptará su vida personal al horario de entrenamientos y al calendario del campeonato que esté disputando, deberá sacrificar en ocasiones a su propia familia, amistades, el estudio e incluso sus gustos culinarios y pasatiempos; todo eso es muy claro para él, quien lo acepta y lo aplica a su vida diaria… ¿pero y qué sucede con la novia de ese futbolista? ¿También ella estará de acuerdo en renunciar a ciertos aspectos importantes de su vida con tal de seguir a su compañero sentimental?

La columna de hoy me permitirá hacer referencia a una curiosidad no muy conocida sobre el director técnico costarricense Jeaustin Campos, quien actualmente trabaja al servicio de la Federación Puertorriqueña de Fútbol, donde diariamente da pasos enormes para la superación del balompié boricua. Como lo descubrirá fácilmente el amigo lector al hacer la presente lectura, la única intención de estas líneas consiste en relatar un hecho anecdótico propio del hermoso mundo futbolístico, por lo que jamás debe dar pie a ningún tipo de interpretación malintencionada de irrespeto hacia un coterráneo que triunfa allende las fronteras ticas.

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Campos, como casi todo futbolista costarricense, aspiraba conseguir un jugoso contrato europeo en noviembre de 1999. El entonces mediocampista titular del Deportivo Saprissa y de la selección mayor, con experiencia en un novel Municipal Pérez Zeledón y en el Lucky Goldstar Cheetahs de Corea del Sur, a sus 28 años de edad jugaba en gran forma con el bicampeón tico; al mismo tiempo, se encontraba negociando con el equipo griego OFI de Creta, donde brillaba con luz propia otro jugador nacional, Ronald la Bala Gómez, máximo goleador de ese club. Las conversaciones con los intermediarios del cuadro del Viejo Mundo iban bien encaminadas, por lo que al final todas las partes llegaron a un acuerdo económicamente satisfactorio que incluyó además a Alonso Solís, joven jugador de 21 años, como parte del “paquete” o transacción.

En Costa Rica los medios de comunicación anunciaron con bombos y platillos la noticia. Ambos futbolistas morados únicamente debían viajar a la bella isla cretense para cumplir con pruebas físicas y médicas, trámite necesario en toda contratación de jugadores. Seguidamente Jeaustin firmaría un ligamen por dos años, mientras que Alonso, por cinco. En el caso del actual entrenador de las selecciones puertorriqueñas, él y su prometida, la modelo y Miss Costa Rica 1999 Arianna Bolaños, adelantaron la fecha original de su boda y en una pomposa actividad en el lujoso Hotel La Condesa se casaron en Costa Rica dos días antes de partir, con el fin de arribar a Creta con la tramitación de matrimonio lista. Los patronos saprissistas del jugador incluso les obsequiaron una fina pintura como regalo de bodas. En síntesis, la tierra de Aristóteles se iba a convertir en la casa de la nueva familia Campos Bolaños, donde Jeaustin esperaba convertirse en una figura connotada del “podósfero” (fútbol) helénico, pero…

Al arribar al equipo, los dos futbolistas se toparon con la intempestiva noticia de que aún no existía ningún acuerdo de fichaje, y que ambos debían cumplir con un periodo de prueba en el que el cuerpo técnico del OFI analizaría su desempeño para decidir si recomendaba o no la contratación. Para oscurecer aún más el panorama de Jeaustin Campos, también se encontraba probando fortuna en el club un volante yugoslavo que realizaba las mismas funciones que él en el campo, pues los dos eran mediocampistas de tipo defensivo, más comúnmente llamados contenciones. A regañadientes los ticos se sumaron al trabajo del cuadro blanquinegro durante diez días, tiempo en el que solamente Solís logró convencer y amarrar así su vinculación, mientras que Campos no consiguió el mismo resultado y los griegos finalmente escogieron al futbolista balcánico, más barato y que además no ocupaba plaza de extranjero de acuerdo a las disposiciones de la UEFA.

Fue así como se frustró la aventura del estratega más popular de la Isla del Encanto en territorio europeo hace casi 14 lejanos años. Si bien el tico regresó a Costa Rica y se volvió a unir a Saprissa, además de que inició una muy linda etapa de matrimonio más cerca de sus familiares, en el país no faltó quien en son de broma afirmara que aquel viaje a Grecia solo sirvió para casarlo: “Sí, los griegos casaron a Jeaustin”, se decía entonces…


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Edwin Jusino
Director Ejecutivo de FutbolBoricua.net. Actualmente estudiante de Historia de las Américas en programa combinado Maestría/PhD de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto Metropolitano. Lleva más de una década cubriendo el fútbol de Puerto Rico. Actualmente está trabajando su disertación doctoral sobre el pasado presidente de la FPF, el Dr. Roberto Monroig. Hincha del Club Atlético de Madrid y de la Selección Nacional de Fútbol de Puerto Rico. Puede contactarle via twitter o Instagram en @erjusinoa