Es sencillo cerrar las puertas a los medios de comunicación y tratar de fingir que nada sucede, callar la boca de los jugadores que quieren denunciar las injusticias cometidas como el  pago no puntual de su salario y quitar del camerino al técnico quien hasta donde pudo trató de mantener la calma entre los más de veinte jugadores que visten domingo a domingo la camiseta amarilla y roja. 
Es sencillo llegar y sentarse en una conferencia de prensa a desmentir lo que se ve, cuando un día antes jugadores denuncian crisis que explotó con un pésimo resultado ante Alajuelense,  con poca o ninguna vergüenza presentar a un técnico que tiene 26 años de no ser campeón y el último equipo dirigido fue en el año 2002. 
Con poca o ninguna vergüenza desmienten la versión dada por los jugadores de atrasos salariales y la crisis, donde figura el mismo jugador que provocó la salida de figuras importantes de la institución meses atrás.
Ya basta utilizar el fútbol como el medio principal para figurar o presumir ante la sociedad una calidad de vida, es un deporte que logra despertar pasiones, tiene hojas enteras escritas de historia como para que vengan personas ajenas a su desarrollo y traten de manchar lo que con mucho esfuerzo se ha levantado.
Estar en el fútbol no es cómo administrar una pulpería, una agencia de aduanas o un zoológico. Cuando se administra fútbol, se administra pasión, historia,  felicidad, alegría, orgullo y decepción. Son escasos los dirigentes con un amplio conocimiento en administración deportiva y la experiencia es casi nula para no decir ninguna. 
Tampoco es estar un día en un equipo llevarlo casi a la quiebra y luego experimentar con otro a ver si esta vez la pega,  cómo pretendemos llegar a ser algún día una fuerte potencia si no tenemos la capacidad de dirigir bien nuestros equipos.
Son pocos los clubes que tienen ingresos extras que no sean la taquilla, los que dan las herramientas como salarios al día, canchas de entreno, guía de nutrición y demás cosas que los deportistas necesitan para poder entrenar. 
Llegar a Brasil 2014 no es solo una cuestión de Jorge Luis Pinto y Eduardo Li, es una cuestión de las ligas involucradas en este sueño. 
No podemos pretender o exigir cuando nuestros clubes son un desastre, cuando no existe estabilidad en los banquillos o bien se irrespeta la trayectoria de los que durante años construyeron un nombre. 
Ya dejo de ser aquella época bonita cuando sobre la mesa los equipos se peleaban a los mejores jugadores, donde las figuras eran intocables y todo un ícono a seguir y respetar. 
Ahora justificando la crisis financiera, entre menso cobre le jugador más seguro su puesto dentro del equipo tiene, si el jugador está dentro de la argolla y dice sí a lo que dicen ya tiene su puesto seguro. Dónde quedo el juego bonito de los años 90… lo menciono porque este fue el que viví.

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