Lunes 16 de setiembre de 2013

Esteban Guevara/FBNET


Aprovechando las fiestas conmemorativas de nuestra independencia decidí referirme a un hecho acontecido hace ya 24 años para exponer una apreciación eminentemente futbolera sobre lo que es, sea una tradición o un deber, la entonación del Himno Nacional de Costa Rica cada 14 de setiembre a las 6 pm.


Todo país posee su propio canto oficial cuyo significado remite a un sentimiento de nacionalidad que, tal como el honor, resulta muchas veces difícil de explicar con meras palabras. En el caso de nuestro país, probablemente no exista un compatriota al que no le provoque un sentimiento conmovedor el verso final ¡Vivan siempre el trabajo y la paz! Entonces, para iniciar de una vez con mi cometido de relacionar tal símbolo patriótico con el deporte más seguido en Tiquicia, expongo la siguiente inquietud al estimado lector: ¿alguna vez se ha preguntado qué se sentirá cantar el Himno Nacional de Costa Rica en un Campeonato Mundial Mayor de Fútbol?


Seguramente aquel domingo 16 de julio de 1989, tras el pitazo final en el viejo Estadio Nacional de La Sabana que decretó el triunfo de la selección costarricense contra su similar salvadoreña, –por la mínima, apenas, pero suficiente para acabar con una larga espera de 32 años de intentos frustrados por clasificar a una Copa del Mundo- ningún aficionado tico se detuvo a pensar en la posibilidad de que en la máxima cita del balompié internacional el mundo iba a conocer las melodiosas notas musicales y la hermosa letra que compusieran y escribieran, respectivamente, Manuel María Gutiérrez y José María Zeledón. No, probablemente unos pensarían en los eventuales rivales que tendríamos que enfrentar en Italia 90… ¿serían los campeones mundiales argentinos? ¿o los anfitriones italianos, a los que cinco años antes habíamos vencido sorprendentemente en las Olimpiadas de Los Ángeles? ¿o la Holanda de Gullit y Van Basten, campeona de Europa? Tal vez la mayoría de nuestra afición, de una forma bastante profética, habrá pensado como primera posibilidad en la famosa seleçao verdeamarelha

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A los más pesimistas los habrá invadido el temor y la incertidumbre de si el equipo tricolor estaba listo para un torneo de tal envergadura… que el cuerpo técnico no era el idóneo, que había que traer un entrenador extranjero (meses después eso ocurriría, para dicha de BoraMilutinovic)… que en el país no existía el nivel para competir contra las grandes selecciones –similar a muchas de las críticas actuales, ¿verdad?-… que esto, que el otro… Pero reitero, mientras iniciaba la celebración tras el histórico partido en la vetusta Tacita de Plata, nadie habrá considerado ni se habrá imaginado, dentro de la noción de verse en un Mundial, que estaría frente al televisor o en algún bar de aquellos lejanos años noventas cantando el Himno Nacional en el momento de empezar la participación tica en dicho certamen…


Pues bien, casi once meses después del día más glorioso en la vida de Pastor Fernández –quien como es conocido por todos, irónicamente no estaría en el mundial italiano-, un 11 de junio de 1990 en Génova y luego de todo lo acontecido en ese lapso, (entiéndase la salida del técnico Marvin Rodríguez, la exclusión en la lista final mundialista de figuras que se creían sagradas como Evaristo Coronado, Enrique Díaz, Leoni Flores, Álvaro Solano… la conformación del grupo C junto a los temidos brasileños, los suecos y el rival de turno, los escoceses) por fin los ticos pudimos escuchar nuestro himno en un evento mundial de fútbol como el que albergó el país con forma de bota –me incluyo, pues gocé de la dicha de ya existir en aquel entonces-.


Ahí estaban los once guerreros que seleccionó el timonel serbio para encarar el debut costarricense en aquellas lides. La cámara los enfoca a uno por uno cantando las estrofas que todo tico conoce… Lucen la mano derecha en el lado izquierdo del pecho porque en el túnel, antes de ingresar a la gramilla del Luigi Ferraris, il capitano Róger Flores les dio la orden de que así lo hicieran, que sintieran las pulsaciones del corazón mientras entonaban el mencionado cantar. Cada palpitación representa cada uno de los tres millones de compatriotas que desde Costa Rica canta con mucho orgullo el himno, porque no lo corearon solo esos once jugadores que nos mostró la señal de televisión, lo entonamos todos en este país único que tenemos…


Posiblemente nunca nos hemos detenido a pensar, pero ese instante en que cantamos las notas del himno, justamente en ese instante, los costarricenses por fin nos sentimos parte de un Campeonato Mundial Mayor de Fútbol, nos sentimos como los invitados de honor en una ceremonia, pues estábamos cumpliendo con el respectivo protocolo del que solo quien tiene la invitación en mano puede jactarse; y la historia que posteriormente escribirían nuestros seleccionados es sabida por todos, ellos, los guerreros de Bora, se encargarían de que esa ceremonia a la que habíamos llegado se prolongara un poquito más y no se nos acabara en tan solo tres partidos. Después, pasarían los años, pero la imagen de nuestra Tricolor iniciando aquel ritual cívico en Italia 90 jamás se borraría del recuerdo de quienes tuvimos la enorme satisfacción de haber cantado por primera vez nuestro Himno Nacional en una Copa del Mundo.

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