Lunes 17 de junio de 2013

Esteban Guevara/FBNET

San José, Costa Rica. El sábado anterior el Club de Fútbol de la Universidad de Costa Rica (UCR) se coronó campeón de la Liga de Ascenso al igualar como visitante 1-1 frente al cuadro AS Puma Generaleña en la gran final. Previamente había triunfado 2-1 en el juego de ida, por lo que el marcador global de 3-2 les permite a los universitarios regresar a la categoría mayor, luego de haber descendido hace dos años.
La participación de la U en la próxima campaña 2013-2014 del certamen tico se sumará a la de dieciséis clubes más que guardan cierta relación con universidades alrededor de Latinoamérica y que tomarán parte en sus principales ligas en esa misma temporada venidera. Escuadras como las chilenas U Católica, U de Concepción y U de Chile; Universitario de Deportes, U César Vallejo, U San Martín y U Técnica de Cajamarca en Perú; la ecuatoriana Universidad Católica de Quito; Estudiantes de Mérida en Venezuela; el boliviano Universitario de Sucre; los Pumas de la UNAM y los Tigres de la U de Nuevo León en México; la Universidad de San Carlos en Guatemala; la Universidad de El Salvador; así como la Universidad O&M de República Dominicana y, por supuesto, Universitarios FC de Puerto Rico, son equipos cuya fundación contó con el aval de las universidades que representan, en la mayoría de los casos, y que aún son auspiciados por dichos centros educativos, en otros tantos.
El hecho de que diecisiete instituciones de educación superior hayan incentivado la práctica deportiva en clubes profesionales demuestra lo muy bien arraigado que se desarrolló en ellas el antiguo concepto latino de mente sana en cuerpo sano. La UCR no es la excepción. Reconocida internacionalmente por la formación de profesionales y, sobre todo, por ser líder en el campo de la investigación, la más prestigiosa universidad de América Central fue fundada en 1941 y, por decreto gubernamental emitido ese mismo año, se creó su equipo representativo de fútbol para la alta competencia, por lo que fue inscrito en la primera división. Desde aquel momento las autoridades universitarias se encargaron de apoyar al club para asegurarle continuidad al proyecto.
Los frutos no tardaron en llegar, pues apenas al año siguiente del histórico decreto, la UCR (entonces llamada Universidad Nacional) terminó en la tercera posición, recogiendo por un lado merecidos elogios de propios y extraños, y por otro, anunciando que estaban por verse futuros éxitos. Fue así como en 1943 se proclamó campeón de primera división. Cabe destacar que en aquel tiempo el fútbol costarricense contaba con figuras que quedarían inmortalizadas en los anales, debido a su extraordinario talento y mística para jugar; de tal forma, el que un conjunto cuya existencia se limitaba a tan solo un par de años, haya logrado imponerse a rivales como los de entonces, convierte al de la U en un muy loable primer título para sus vitrinas. De hecho uno de los principales jugadores de la alma máter en esa campeonización fue Hernán Bolaños, ídolo costarricense del Áudax Italiano de Chile que regresó al país para colaborar con los universitarios en ese torneo, en el cual aventajaron por un punto al segundo puesto, Liga Deportiva Alajuelense.
Años después el nivel del equipo empezó a decaer hasta que fue imposible eludir el descenso de categoría en 1955. Así, la segunda división se convirtió en el lugar que albergó a los celestes universitarios durante dieciocho años, pero en 1973 ganaron el ascenso y regresaron a la principal liga tica, mas su paso por allí fue efímero, pues tres años después los volvió a atrapar el abismo del descenso.
En el primer lustro de los años noventa la administración universitaria empezó a temer que su emblemático representativo no pudiera volver nunca más a la primera división, por lo cual llegó a un acuerdo de colaboración deportiva con la dirigencia de Liga Deportiva Alajuelense, uno de los dos principales equipos del país. La institución alajuelense cedió varios futbolistas de su plantel para reforzar la nómina de la alma máter, así, por un lado la UCR se benefició al adquirir el nivel suficiente para pelear el ascenso, y por otro, Alajuelense halló el espacio idóneo para brindarles el fogueo necesario a sus jóvenes jugadores, un talentoso semillero que siempre ha caracterizado a las fuerzas básicas del equipo rojinegro. Como curiosidad, vale destacar que a partir de ese momento y mientras duró el convenio, el uniforme de la UCR pasó a tener el escudo de ambos equipos.
Una de las primeras muestras de mejoría la experimentaron los académicos en 1996, pues en el certamen de ese año disputaron el título ante el Municipal Goicoechea, cuadro que era apoyado por el otro equipo grande de Costa Rica, el Deportivo Saprissa, por lo que a la definición del cetro se le añadió el atractivo de convertirse en un clásico nacional en la segunda división. Lamentablemente para los intereses de la UCR se perdió esa final, así como el posterior repechaje ante Turrialba -penúltimo de la categoría de honor-. Igual suerte sufrió el cuadro estudiantil en 2003, pues de nuevo peleó infructuosamente el boleto a primera contra la AD Ramonense.
Durante el tiempo en que rigió el padrinazgo de la escuadra de Alajuela se vistieron de celeste varios noveles jugadores que posteriormente alcanzarían reconocidas carreras futbolísticas tanto en la primera división como con la Selección Nacional, e incluso en clubes del extranjero. Algunos jugadores activos de formación manuda que pasaron por la U son Patrick Pemberton, Alejandro Alpízar, Erick Scott, Esteban Sirias, Pablo Herrera, Johan Condega, Rafael Rodríguez, Enoc Pérez, Eduardo Gómez y Michael Rodríguez, entre otros.
En 2005 la dirigencia de la U quiso modificar su visión a futuro del equipo, por lo que además del hecho de dotarlo unos años antes de un recinto que presenta una de las mejores gramillas naturales del país como lo es la del Estadio Ecológico, decidió no renovar más el convenio con LD Alajuelense. Apelando a su propia iniciativa, se avocó a reforzar el plantel con futbolistas experimentados y un director técnico ganador (Marvin Solano, recientemente coronado campeón costarricense con el CS Herediano), asimismo empezó a obtener beneficio del trabajo de los últimos años en las ligas menores (de donde surgieron jugadores como el actual capitán José Gabriel Vargas, y Diego Madrigal, estelar saprissista en la actualidad). Así, en 2007 el cuadro universitario logró acabar con una larguísima espera de 31 años de no ver acción en la máxima categoría y logró el ascenso.
Los siguientes cuatro años fueron irregulares para la UCR, pues casi siempre rondó las últimas posiciones
hasta que en 2011 tuvo que retornar a la Liga de Ascenso, ganándose la nada agradable etiqueta de “equipo ascensor”, dada esa inconsistencia de ascender y descender entre las dos principales divisiones del balompié costarricense.
Detrás del más reciente éxito universitario alcanzado el sábado en Pérez Zeledón, hay un plantel conformado en un 70% por hombres con experiencia en la primera división, incluso varios de ellos con un pasado en distintas selecciones nacionales; asimismo, Brandon Poltronieri, Daniel Valenciano, Erick Jiménez, Gustavo Peña y Leonardo Ly destacan por haber defendido camisetas de clubes fuera de Costa Rica: Poltronieri lo hizo en Portugal y Suecia, Valenciano en República Checa, Jiménez en Guatemala, Peña en El Salvador, y Ly tuvo un breve paso por el boricua Puerto Rico Islanders en 2011. El director técnico, por su parte, es el argentino Diego Giacone, cuya experiencia en las divisiones inferiores del Deportivo Saprissa le ha brindado la credibilidad entre sus nuevos pupilos para aprovechar el rodaje de sus piezas en función colectiva.
Apenas alcanzado el objetivo de volver a primera, la dirigencia del equipo –encabezada por su presidente Luis Gamboa-, el cuerpo técnico y los propios jugadores, han enviado el certero mensaje de que lucharán por convertirse en protagonistas en un futuro cercano, e incluso se han fijado como principal meta lograr clasificar a la Concachampions, con lo que “internacionalizarían el equipo”, tal como ellos mismos han afirmado. De su parte han marcado un norte bastante claro, solo resta dilucidar si su afición responderá con el apoyo que la U necesita, pues como ha sucedido en los últimos años, no existe una identificación real de parte de estudiantes y ex alumnos con el equipo que se supone los representa.
El justificante al que más apelan los propios allegados a la UCR radica en que en el club casi no hay futbolistas que estudien en esa casa de enseñanza; tal argumento se cae al analizar los planteles de los demás equipos universitarios mencionados al inicio, pues por ejemplo tampoco hay muchos graduandos en la nómina de jugadores de la Universidad de Chile, lo cual no ha mermado el masivo apoyo al Romántico Viajero. La explicación del poco involucramiento del sector mencionado más bien podría deberse al poco arraigado sentimiento de pertenencia de la población costarricense, lo cual se refleja en las predilecciones futboleras de sus aficionados, quienes siguen a uno u otro club indistintamente de su propia procedencia; cosa muy distinta a lo que se vive en naciones como México y Argentina, donde el seguidor que es oriundo de Guadalajara normalmente adoptará como su equipo a las Chivas, mientras que el originario de Almagro no se decantará por otro club que no sea el Ciclón.
Con o sin respaldo, el Club de Fútbol de la UCR tiene aspiraciones bastante altas y con solo esa mentalidad ganadora ya está iniciando de la forma correcta. Quienes hemos pasado por las aulas de esta alma máter y aprendimos allí a concebir la tarea de luchar siempre por alcanzar lo mejor como algo inherente a nuestra formación, nos podemos identificar plenamente con este equipo; de tal modo, en la temporada que empezará en los próximos meses, seremos unos de los miles de seguidores de una de las diecisiete universidades representadas en ligas de fútbol alrededor del continente. ¡Qué bien la U!

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