Todos conocemos las escenas de un kinder: antojos, berrinches, pataletas, gritos, lloriqueos, empujones, quejas, mentiras, los “¡yo no fui!“, “yo no se”, “culpa de él”, peleas a golpes y muchos más gritos que la paciencia pueda tolerar. Sólo que esta vez no son pekes, son varones que en su mayoría, bien sobrepasan los cincuenta años, comportándose – patéticamente – como niños en un salón de infantes. Esto, damas y caballeros, es el “liderato” de la Federación Puertorriqueña de Fútbol. 

No existe ninguna explicación lógica que pueda justificar que un ex miembro de un gabinete constitucional, dos abogados,  un ingeniero, un dentista, un maestro, un especialista en manejo de riesgo y un coach, se empecinen en mantener un espectáculo denigrante y ridículo para el morbo de las redes sociales y el pavor del público externo. Que sean incapaces de poder reunirse civilizadamente sin la presencia de un representante de CONCACAF o FIFA que les sirva de niñero. Y con todo y niñero, terminan a gritos y golpes. Excluyendo, claro está, a Don Luis Villarejo.

Morbo, vergüenza, indignación, resignación, fatiga e indiferencia son las seis fases  que la mayoría de las personas sienten al ver los estragos. Cruzan el espectro del “¡mira qué #poscón!” a “ya vienen de nuevo” y en el proceso se pierde la credibilidad, la convocatoria y la regencia que un cuerpo administrativo debe tener.  Este desgaste de opinión no sólo lo vemos en la base de clubes, también se refleja en las reacciones en las redes sociales, la prensa y en las empresas.

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Hienas, topos, hormigas y buitres

Dice el dicho que a río revuelto, ganancia de pescadores; pero al río federativo le han instalado un hidromasaje para garantizar que siempre esté revuelto y con las aguas turbias. Como hienas, atacan toda iniciativa que haga ver eficiente o simplemente bien a su contrincante, irrespectivamente  que la misma sea para el bien del fútbol. Si lo es,- para ellos – con mayor razón hay que descarrilar, desinformar y sabotear las iniciativas. Porque el poder de sus egos y el odio patológico que se tienen, rebasa cualquier deber fiduciario. El objetivo es simplemente desacreditar y destruir a su contendiente aunque la víctima, al final, sea el deporte al que fueron electos a organizar.

No es un juego limpio, dista mucho del “Fair Play” que se exige en las canchas. Como topos, trabajan sus agendas particulares bajo tierra, lejos de la estructura parlamentaria y la transparencia que los procesos deberían tener. Aprovechan sus movimientos subterráneos para revolcar los hormigueros para que otros vociferen sus ataques y dar la impresión falsa de que cuentan con una masa crítica y el apoyo del público. A la falta de prudencia en sus manifestaciones, y la excelente sincronicidad de las hormigas en su difusión, las mentiras se convierten en mitos urbanos para luego perpetuarse en la redes sociales como hechos. Destrozando con ello, reputaciones de personas que nada tienen que ver con sus controversias. Porque si algo sí es cierto, la primera víctima en una controversia es la verdad.

Pero los grandes ganadores no son los pescadores, son los buitres que circunvalan esta tragi-comedia, que como buenas aves de rapiña, no trabajan en equipo, sólo buscan su beneficio siendo la federación una carcasa frágil gracias a unos estatutos caducos, tan incongruentes como las controversias que sus variadas interpretaciones permiten. La lealtad de los buitres cambian según se afecten sus intereses (agendas)  o el dinero que puedan generar o puedan perder gracias a su relación con la federación. Pero al final del día, como en el ciclo de vida, todo se reduce a residuos escatológicos. Y en esa pelea quien pierde es el fútbol.

Las realidades de la FPF

Si no lo saben, tengo el placer de notificarles que existen cuatro federaciones de fútbol en Puerto Rico. La de FIFA, la del Comité Ejecutivo, la de las redes sociales y la última donde se trabaja día a día.

Para FIFA, Puerto Rico se ha quedado estancado en el desarrollo nacional y regional (Caribe). Convirtiéndose en un barril sin fondo, donde las inversiones administrativas y deportivas no han rendido fruto. Es el niño malcriado a quien le sigues dando su mesada, pero que se niega a aceptar que cumplió la mayoría de edad y tiene que asumir las responsabilidades de un adulto. Es el hámster en la rueda, que no aprende de los repetitivos golpes y errores.

Bajo la administración del Presidente Serralta,  establecieron un plan de trabajo que fue descartado a los pocos meses por la administración local. Nuevamente, bajo Labrador en el 2012, deciden intentarlo nuevamente, pero esta vez FIFA tendría más injerencia y supervisión y se contrataría personal neutral además de una serie de asesores internacionales y una plantilla de FIFA de sobre 15 empleados asignados a trabajar el proyecto de PR.  Como dijo en su momento el colega Claudio Álvarez Dunn, el ejercicio obligó a la FPF a verse en un espejo, y el reflejo distaba mucho de la imagen que querían presentar y de lo que históricamente se le había presentado. Luego de varios meses de investigación y trabajo estratégico – el primero se hizo con data errónea -, el proyecto formalmente comienza, tras la aprobación unánime del Comité Ejecutivo el 24 de mayo del 2013.

Seis meses después, el mismo Comité Ejecutivo le pondría punto final con el golpe de estado a la administración de Labrador. Cerrando con ello, la puerta de inversión adicional y aprobación de proyectos de infraestructura que estaban en calendario. Va a ser difícil venderle un nuevo plan de trabajo a FIFA de dos, cinco, diez años, cuando históricamente la FPF no ha sido capaz de comprometerse y ejecutar uno que dure un año. 

Y no esperen milagros. La próxima administración, así sea que revalide Labrador, va a tener que demostrarle a FIFA y a CONCACAF que tienen la capacidad administrativa y de liderato como para trabajar un proyecto de desarrollo cónsono a las filosofías matrices.

Por otro lado, contrasta la fractura del discurso con la realidad del Comité Ejecutivo. Por un lado justifican sus acciones e inacciones por una supuesta enajenación de información en la toma de decisiones de la FPF. Al menos eso ha sido el discurso público que ha levantado el segundo vicepresidente Antonio Cabrero y su facción, para justificar sus acciones y agendas públicas para socavar a Labrador y el personal administrativo federativo.  Vale la pena preguntarse, si la Secretaría de la FPF decidiera hacer públicas las grabaciones de las reuniones del Comité Ejecutivo ¿Cómo quedaría la credibilidad de Cabrero, Cavanna, Fiol, Albors, Pérez y Berrios? ¿Serían desmentidos por sus propias intervenciones? En el pasado he asistido a varias de esas reuniones, escuchado algunas de las grabaciones  y leído las transcripciones, y no sólo deja mucho que desear la manera que se comportan en las mismas, también quedarían desenmascaradas las mentiras y las tergiversaciones de información. Incluso las de carácter confidencial, que filtraron de manera de posturas de personal de FIFA y CONCACAF sin su autorización.

Otra de sus clásicas excusas es que piden documentos o informes y no se les entregan. Pero ¿dónde las piden? ¿En Facebook? La FPF tiene una plataforma de intrared que se instaló para facilitar el intercambio de documentos y abrir canales de comunicación entre el Comité Ejecutivo y el personal de la FPF. Pero es más conveniente decir públicamente que son ignorados, pese a que los issues de la federación se deben resolver en la federación, no en las redes sociales.

Estoy convencida y como le comenté en su momento al Secretario General de CONCACAF, Enrique Sanz,  que la transparencia administrativa tiene que empezar con los procesos del Comité Ejecutivo haciendo públicas las convocatorias a las reuniones, las agendas, minutas y asistencia. Y de ser posible, incluso las grabaciones. Actualmente FIFA publica alguna de esos renglones cada vez que se reúne su ExCo. Porque el que no tiene hechas, no tiene sospechas. Y con ello se pondría fin a muchas de las controversias que se han fabricado. Y quizás, sería un despertar para las hormigas reinas que se dejaron utilizar difundiendo de manera deliberada información falsa con el único fin de manipular a la base y adelantar agendas personales.

En tercer lugar y gracias a la obsesión de  algunos miembros del comité ejecutivo – y de las hormigas – de discutir asuntos federativos en las redes sociales se ha creado una cultura de cinismo, apatía a todo cambio, o iniciativa nueva. Piden a gritos un cambio, pero cuando estos comienzan se desgarran las vestiduras porque están cambiando. Disecan, demonizan, acechan al personal federativo como si fueran figuras públicas o políticas. Algunos mostrando comportamientos seriamente obsesivos y enfermizos. Quizás parten de la premisa que en las redes sociales todo se vale. Pero a la falta de una cultura de cobertura mediática consistente, las redes sociales  son el punto de encuentro favorito de los fanáticos locales.

Agencias publicitarias, compañías de investigación de mercado y hasta periodistas constantemente monitorean los issues y las páginas principales donde se levanta la opinión pública. Y la imagen que se presenta deja mucho que desear. Muchas veces es el primer contacto de un gerente de marca que está investigando para inversión de promociones, o una relacionista buscando alguna oportunidad de co-branding y salen despavoridos recomendando a sus clientes que mantengan sus dólares publicitarios lejos del fútbol local. Y no es que no discutan, simplemente usar el juicio y no caer en los juegos de ataques  parecidos a cuando se le da “share”  a un “meme” identificando a una mujer inocente como una secuestradora de niños. O se ficha a un emplead@ federativo sin la autorización de uso de imagen con el único fin de intimidarl@ en el ejercicio de sus funciones. No sólo es denigrante, es ilegal.

Por último el día a día. Créanme, es difícil. Trabajar en la FPF es violento en el sentido más puro de la palabra. Enfrentas violencia verbal, psicológica y hasta física.  Es caminar en un campo minado con los ojos vendados y sin un detector de metales. Con crisis, auto infligidas a diestra y siniestra que desvían el norte.

Trabajar en la FPF implica vejámenes públicos, acoso laboral y destrucción de reputaciones. Y pobre de aquel que intente desmentir, aunque sea en su carácter personal las tergiversaciones, ahí si despiertas el monstruo de los egos con sus seis cabezas enfermas. Esa hidra mutante de 9 cabezas, incapaz de trabajar de manera cónsona. Y sin ningún proceso administrativo ni remedio interno al cual acudir. Sólo las instrumentalidades gubernamentales y los tribunales. Remedios y procedimientos que podrían implicar la desafiliación de la FPF a FIFA.

No soy quien para juzgar la labor de Labrador previo y posterior al período del programa Performance. Trabajo con datos, no me gusta asumir. Pero los quince meses que estuve ligada a su gestión, fueron abrumantes. Tuve mis serias diferencias con él, venimos de visiones totalmente diferentes. Pero las mismas se discutieron y presentaron en los foros pertinentes. Aprendí que en el mundo del fútbol el acceso real a FIFA significa poder, un poder limitado localmente a un puñado obsesionados con los “perks” que ofrece FIFAlandia tales como viajes exóticos, relojes, trato vip, etc. Y al ser la excepción y tenerlo- el acceso, no el poder – me convirtió en una posible amenaza. Implicó candidez en las comunicaciones y en los datos. Sin proponérnoslo, abrimos cajas de pandoras que puso enfoque en deficiencias previamente maquilladas y el norte se convirtió en o enderezan o enderezan.

Cada misión que llegaba de Zurich o Latinoamérica venía con la misma encomienda y el mismo mensaje: el fútbol es un monopolio, y ellos (FIFA) son los dueños y la federación representa a FIFA.  Estaban cansados de la excusa del crecimiento “silvestre” del fútbol local. Una industria deportiva local que mueve cerca de 9 millones al año está lejos de ser silvestre. Incluso el Secretario General, Jerome Valcke, envió una carta exigiendo la regulación de los clubes y ligas. ¿Pero quién se mete en el hormiguero? ¿Como lograrlo cuando el Comité Ejecutivo es el primero que promueve lo contrario?

No es secreto para nadie que personalmente apoyaba el nombramiento de la Comisión Normalizadora. La FPF necesitaba de un “hard reset”. Cuando a alguien le diagnostican cáncer es necesario extirparlo de raíz. Pero el cáncer federativo está metastizado. Poniendo en duda incluso los procedimientos que se han establecido para las próximas elecciones. Porque no existe excusa para que aún no estén definidos los clubes con derecho al voto. Y es una falta de respeto y de consideración a aquellos que cumplieron el el otorgarle el derecho a clubes que obviaron los procedimientos. Eso no es democratizar, eso es premiar a los irresponsables, o simplemente beneficiar a algún candidato. La falta de transparencia levanta dudas. Espero estén conscientes de lo que está en juego.

Quisiera que estuvieran claros que los que actualmente trabajan en la FPF están ahí porque quieren hacer una diferencia. Porque aman el fútbol y porque tienen un compromiso más allá de los ataques viciosos y la falta de liderato. Por dinero no es, porque lo que les falta es pagarle a la FPF para trabajar ahí.

Ser líder no es el que más grita. Es el que más inspira a su equipo de trabajo y a una comunidad a ejecutar su visión. Y si algo hace falta en la FPF es liderato. Y que los niñitos que actualmente la dirigen decidan ponerse los pantalones largos y comportarse como hombres.

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Elizabeth Figueroa Uribe es relacionista público, presidente de la corporación IngenioMedia, y pasada directora del departamento de Mercadeo de la Federación Puertorriqueña de Fútbol. Ha sido profesora en la Universidad del Sagrado Corazón.

NOTA: Los comentarios aquí hechos son del analista invitado. FBNET o FutbolBoricua (FBNET) Inc., no necesariamente se solidariza con las expresiones vertidas por el mencionado invitado.

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