Por Keyvan Antonio Heydari

Ya llegaron las semifinales, con cuatro justos sobrevivientes y candidatos. Una semi titulada «Mbappé v. Yamal» y la otra un baúl lleno de historia y emociones.
En el fin de semana, vimos a Noruega por última vez. Pero deja su huella en tierras y aguas de Norteamérica mediante su futbol y su remar sincronizado donde quiera.
Este Mundial, como la sociedad norteamericana, es uno en constante movimiento. Cruzando de costa a costa y norte a sur; carece del sentido de que apunta geográficamente y temporalmente hacia un destino.
Cualquier análisis de los cuartos de final no termina en la cancha. Cuando filtran los resultados, cada país reacciona, con consecuencias para los ganadores o derrotados. Festejos, disturbios, muertes y amenazas son comunes.
Ya Noruega se despidió del Mundial. Pero dejó una huella y una moda a ser imitada, como Islandia o la ola de Mexico ‘86. Hay que entender la mentalidad nórdica. De que todos ‘reman’ juntos y en grupo en varios contextos.
¿Cuál país en el Mundial 2026 nunca ha perdido contra Brasil? Noruega ¿El secreto? Que hasta los 12 años no compiten . Solo juegan para divertirse sin la presión de padres o entrenadores.
En la cancha de Miami, era difícil distinguir entre los cánticos rivales. Cada uno de dos sílabas rítmicas: “En-gland, En-gland, En-gland” contra “Nor-ge, Nor-ge, Nor-ge”. Las dos hinchadas visten de rojo y blanco. Junto a los escoceses, han sido los simpáticos invasores del 2026.
Pero el empuje de Bellingham y Kane superaron a un Haaland que quedo controlado. Los defensas ingleses ya conocen a Haaland de la Premier League y todo el Mundial fue ganancia para los vikingos.
Parece historia lejana, pero Francia se impuso a Marruecos sin grandes dramas, enfrentará a España en una final anticipada.
Otra vez, Argentina hizo la heroica. Esta vez, fue de Julián Álvarez en tiempo extra con la ayuda de los árbitros o los equipos rivales que se desmoronan. Con un Messi apenas ordinario, Al vencer a Suiza 3-1, ese tren pampero llega a Atlanta para enfrentar a los ingleses.
“Es un partido de futbol. Punto. Es un partido”, repitió con insistencia Scaloni, sobre el clásico, restándole carga anímica al del 2002, 1998, 1966 y sobre todo la de México 1986, cuatro años después de la guerra entre y cuando Maradona estampó su leyenda en los libros con sus manos y pies.
Semifinales de un torneo gigantesco, de dimensiones históricas no es poco.








