Lunes 12 de agosto de 2013

Esteban Guevara/FBNET

Álvaro se levanta 45 minutos más temprano que el resto de sus compañeros de trabajo para pasar antes a la fina panadería de su barrio; allí compra los más delicados alfajores y con mucho gusto se los lleva a su jefe. Apenas llega a la empresa, lo primero que hace es buscar al destinatario de la rica repostería que acaba de comprar con el escaso y no muy puntual sueldo que recibe precisamente de aquel hombre, y acompañado de un sonriente buenos días, le hace entrega del obsequio diario. –¡Muchas gracias, Alvarito!, recibe como respuesta. Sus colegas, por otra parte, miran aquel gesto con la misma desaprobación de siempre… -Qué raro el lambiscón de Varo…, se dicen entre ellos.


Arrastrados como Álvaro los hay en todos los trabajos. Reptan de un jefe a otro, con el fin de asegurarse ciertas ventajas laborales. Usted y yo los hemos visto en varios empleos por los que hemos pasado. Existen en las oficinas, en las universidades, en los hospitales, en las compañías de transporte, en las tiendas… y también existen en el fútbol; de hecho, parece que la Selección Nacional ya los ha fichado…


En días recientes generaron polémica las declaraciones de Luis Antonio Marín, asistente técnico de Jorge Luis Pinto en la Tricolor, pues afirmó que el cafetero no había convocado a los delanteros Jonathan McDonald, John Jairo Ruiz ni Marco Ureña, debido a la supuesta falta de continuidad en sus respectivos clubes europeos. “El problema es que ellos en los últimos seis, siete, ocho meses, han jugado muy muy muy muy muy poco; eso nos ha limitado en ese aspecto. A veces la gente habla […] pero no ve que tienen seis, siete, ocho meses de jugar uno o dos partidos,” (1) señaló Marín.

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La reacción no se hizo esperar, y salvo Ureña, -quien efectivamente no ha contado con muchas oportunidades de figurar en el Kuban Krasnodar ruso desde 2011- Ruiz y McDonald hicieron pública su contrariedad, por cuanto las estadísticas les respaldan una regularidad muy distinta a la expresada por Luis Antonio. Para aquel momento Jonathan, figura del Kalmar FF, había actuado en todas las 17 fechas de la liga sueca, de las cuales había sido titular en diez ocasiones; mientras que el juvenil ex saprissista recién había regresado al balompié galo (Lille FC) tras cumplir una muy buena campaña con el Mouscron-Péruwelz de la segunda división belga. El Cumiche contabilizó 24 encuentros de liga en Bélgica, en los cuales anotó 14 tantos y finalizó en la tercera casilla de goleadores del torneo, a solo tres dianas del máximo romperredes.


Los tiempos actuales se caracterizan por el cada vez más generalizado fenómeno de la globalización, en el que el internet se ha convertido en una útil, práctica y muy accesible herramienta para ejercer labores de comunicación. De tal forma, se está a un clic de tener acceso a periódicos, nacionales y foráneos, así como a los sitios web de equipos de fútbol de todo el planeta (el Kalmar y el Mouscron también los tienen). Así, el cuerpo técnico de la selección costarricense no tiene excusa para desconocer el momento que atraviesa un futbolista tico que actúa en otro país, pues como en estos dos casos, atacantes nacionales en ligas europeas, representan opciones para eventuales convocatorias, por lo cual los miembros del banquillo tricolor están obligados a darles seguimiento, es parte de sus funciones y por ello reciben un buen (muy muy muy muy muy buen) sueldo.


Para que uno de los dos asistentes técnicos de Pinto omita los datos correctos y aparezca afirmando otros completamente diferentes ante los medios de prensa, ocurre una de dos situaciones: o se trata de una persona evidentemente torpe para investigar en la red virtual, o es más bien alguien que adrede apela a manifestaciones malintencionadamente falsas, al mejor estilo del ministro de información de cierta nación centroamericana que pretende escudar los constantes yerros de su impopular presidenta…  Personalmente me inclino por esta segunda posibilidad.


Luis Marín y Paulo César Wanchope –el otro colaborador del estratega colombiano- son dos figuras reconocidas en el fútbol de Costa Rica. Líderes positivos del representativo nacional en los Mundiales 2002 y 2006, le brindaron al país una carrera futbolística casi intachable. Todos los ticos disfrutamos el juego de ambos futbolistas en cuanto terreno pisaron, los aplaudimos en junio de 2001 cuando fueron parte del famoso Aztecazo, y en julio de ese mismo año durante la Copa América disputada en Colombia; aún gozan de la admiración y del aprecio de muchos aficionados… pero el respetable, como se le llama al jugador número 12, ya ha empezado a visualizar algo diferente en ellos. Lejos de contemplarlos como los heroicos muchachos de Guima, ahora se presentan como los custodios de Jorge Luis Pinto. Lo acuerpan, lo defienden, lo ensalzan, y según el tema que dio pie a esta nota, incluso se han convertido en prácticamente sus voceros oficiales, sin importar que al hacerlo desafortunadamente hagan el ridículo frente a todo el país. En el caso de Paulo César, ya anteriormente había aparecido ante la prensa acuerpando a Pinto; en aquella ocasión en detrimento de Brian Oviedo, quien inútilmente dejó salir su frustración por el supuesto trato agobiante que recibía del timonel sudamericano, el mismo trato que años atrás habían denunciado Mauricio Wright, Ronald Gómez, así como el propio Wanchope.


Valga la aclaración de que estas líneas no corresponden a un medio para postular el llamado de Jonathan McDonald, John Jairo Ruiz ni Brian Oviedo a la eliminatoria mundialista con la Selección, de hecho, tal como lo han manifestado varios entrenadores nacionales, no es el momento de experimentar con tácticas inéditas ni con nuevas convocatorias -ya llegará el momento para ello, una vez que se logre la clasificación a Brasil 2014-. Simplemente aquí se pretende exponer el sentir popular, la voz que le solicita al banquillo de la Sele más honestidad y menos irrespeto, porque intentar engañar a la afición costarricense es irrespetuoso, también lo es para el futbolista que allende nuestras fronteras se esfuerza por alcanzar un nivel óptimo de rendimiento para algún día poder ser tomado en cuenta para la Tricolor, y por el contrario lo que recibe son excusas burdas y falsas. Chope y Marín también defendieron camisetas de clubes extranjeros, y si se hubiera querido sabotear su papel seguramente habrían sufrido la misma decepción que se les ha provocado ahora a los ticos del Kalmar, Lille y Everton.


No se espera que Paulo y Marín se aventuren a contradecir a su jefe, desde luego que no; todos comprendemos el valor de conservar el trabajo como sustento familiar que significa, además somos conscientes de que en el caso de estos dos ex futbolistas, laboran por enriquecer su currículum deportivo para un día poder dirigir en el país (Chope, para volver a hacerlo), pero a veces se gana más credibilidad ante la gente con el silencio. Costa Rica ya no es aquella aldea de los años 70s cuya ingenua afición le rendía pleitesía a cualquier técnico o preparador físico que llegaba hablando con acento extranjero. Por lo tanto, en lugar de aparecer en la pantalla de televisión como los lambiscones de Jorge Luis Pinto, podrían dejar que sea él quien brinde declaraciones públicamente, al final y al cabo, y parafraseando al Pep Guardiola, “él es el puto jefe, el puto amo, el que más sabe…” y quien decide quién juega y quién no –por más equivocado que esté-. La afición futbolística costarricense se lo agradecería mucho a Marín y Wanchope.

(1) Las declaraciones de Luis Marín fueron tomadas de yashinquesada.com

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