Hinchas locales así como cientos de mexicanos residentes en la Isla, disfrutaron anoche del partido.

Horacio Hernández, fanático de Santos Laguna, muestra su regocijo antes del partido. Lino Prieto

Por Osman Pérez Méndez / operez@elnuevodia.com

Tal como se esperaba, poco antes de comenzar el partido entre los Islanders de Puerto Rico y el Santos Laguna mexicano, en el Estadio Juan Ramón Loubriel de Bayamón y sus alrededores se vivía un ambiente de fiesta futbolística.

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A quince minutos de comenzar el choque por la fase de grupos de la Liga de Campeones de la Concacaf, los graderíos laterales estaban llenos y cientos de personas aún hacían fila para entrar al parque, mientras que otras decenas se movían en los pasillos a la espera de que iniciara el esperado partido.

Las camisetas naranjas, de los seguidores de los Islanders, dominaban el panorama, pero las camisas verdes, de los seguidores del Santos, intentaban rivalizar.

Tampoco faltaron las famosas máscaras de luchadores mexicanos, o los más disímiles instrumentos para hacer ruido, como matracas, sirenas, cornetas y tambores.

La pareja de Angel de Jesús y Yuridia Morales dijo presente en el estadio para respaldar al Santos. De Jesús es un carolinense que fue arrastrado al fútbol por Morales, quien es natural de Torreón, la ciudad sede del equipo visitante.

“Yo no seguía el soccer (fútbol), pero ella (Morales) y su familia me convirtieron en fanático”, aseguró De Jesús.

“Cuando me dijeron que era posible que vinieran a jugar a Puerto Rico, no lo podía creer”, dijo emocionada la seguidora del Santos.

Mientras, el Batallón S-10, un corillo de fieles seguidores naranjas, se agrupaba bajo el puente, juntando su parafernalia de hacer ruido.

“Es un juego difícil, pero confío en los Islanders”, dijo ‘Yeivo’, hablando a nombre del grupo.

“Ganamos, ya verás que ganamos”, repitió con el respaldo de su tropa.

Más adelante la familia Miranda, de Sonora, se pintaba los rostros con los colores de la bandera mexicana. “Hace 10 años que estoy con Santos”, dijo Ernesto Miranda, quien llegó con su esposa e hijos.

Y fueron muchos los que prefirieron llegar en el Tren Urbano, como la familia Saldívar, de México, que llegó con las camisetas de la selección mexicana, del Santos, y hasta una del club América. Se bajaron del tren entre una marea de seguidores naranjas, en una clara señal de que el fútbol, y la gran campaña de los Islanders, comienza a ganar cada vez más seguidores.

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