Domingo 6 de octubre de 2013

Esteban Guevara/FBNET
La hora pactada arribó. Un parco gesto asintiendo con la cabeza da la orden al emisario de las autoridades para leer brevemente los crímenes cometidos por el sentenciado, quien arrodillado, con las manos fuertemente sujetas por detrás y con la cabeza posicionada en un taburete, únicamente aguarda el terrible desenlace que le espera. Seguidamente, el verdugo empuña con firmeza su enorme y muy bien afilada hacha, y procede a cumplir con su trabajo…

La anterior descripción corresponde a una dantesca escena que afortunadamente ya no existe en la actualidad legal occidental, por lo tanto el respetable lector puede estar seguro de que en las siguientes líneas no deberá lidiar con sangrientos escenarios de los que nadie quiere tan siquiera imaginarse. Ahora bien, sí se hará referencia a otro tipo de pena capital, así como a un estilo diferente de ejecutor, por lo tanto auguro una posible aceptación de su parte hacia tales elementos sancionadores.

El fútbol, esa batalla reglamentada en la que un juez envestido de negro realiza señalamientos definitivos a lo largo de 90 minutos de actividad física, es justamente el campo de acción que cada cierto tiempo se encarga de montar un tablado que simula la ejecución de un lamentable condenado a morir. Así, el próximo martes 15 de octubre, “el destino futbolero” nos tiene preparado a los costarricenses un ajusticiamiento, pero uno muy particular… La selección de México, el Gigante de la CONCACAF, con 14 presencias en Campeonatos Mundiales, cinco veces semifinalista de la Copa América y con una infraestructura que mueve más de 600 millones de dólares, se presentará en el Estadio Nacional de La Sabana con la casi inédita etiqueta de sentenciado a la pena de muerte. Costa Rica, por su parte, ostentará ese día el papel de verdugo, por lo tanto nos encontraremos ante una situación atípica en el siempre asombroso mundo del balompié.

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Hay muchos elementos que ensalzan un desenlace que nadie se quiere perder, incluso fuera de la CONCACAF estarán al tanto de lo que acontezca; el planeta entero estará pendiente de la suerte que le deparará al famoso Tri, cuyos delitos que lo mantienen en tal predicamento consisten en perder el carácter inexpugnable de su otrora imponente Estadio Azteca -sede capitalina en la que solamente ha logrado obtener 3 puntos de 12 posibles-, así como el hecho de fracasar en su intento de recuperar tales unidades en las visitas a los recintos de sus rivales –ha cosechado únicamente 5 de los 9 puntos que obligatoriamente debía conseguir fuera, sin mencionar la falta de las adicionales 4 unidades que sumadas al 100% de rendimiento como local prácticamente aseguran la clasificación matemática en este tipo de competiciones-.  

Entre los ingredientes que condimentan este final de película, obviamente hay que iniciar comentando la gran rivalidad deportiva que históricamente ha existido entre ambas naciones. Desde 1935 el representativo tico se convirtió en el más difícil escollo de una selección azteca que debía sudar más de la cuenta cuando lo enfrentaba en su camino hacia las Copas del Mundo. Si bien en tiempos recientes mucho se ha cuestionado acerca de la aparición de “nuevos clásicos” entre estadounidenses y mexicanos, o entre estos últimos y hondureños, la realidad es que continúa siendo la Tricolor la que representa ese carácter enconado al medir fuerzas contra ellos, gracias al palmarés superior al de los catrachos, y la tradición futbolística mayor a la de EEUU, lo cual, desde luego, no quiere decir que esos otros oponentes no tengan un nivel similar al mexicano; pero la propia prensa azteca, tan odiada muchas veces por su prepotencia y magnanimidad, reconoce que el llamado “clásico del área” sigue siendo el legendario México-Costa Rica.
La zaga azteca conjura un ataque de Costa Rica en el recién construido Estadio Flor Blanca de San Salvador. La imagen corresponde al primer encuentro disputado entre ambas selecciones, en 1935.

Otro factor por tener en cuenta consiste en los viles ingentes esfuerzos que tanto la CONCACAF como la FIFA han realizado durante las últimas semanas para asegurar que México se haga del boleto directo a Brasil 2014, o en su defecto, al repechaje contra Nueva Zelanda. Un misterioso cambio en la designación del réferi para el duelo ante los mexicanos, así como la curiosa medida que se estaría adoptando de contabilizar en el Mundial las suspensiones por tarjetas amarillas durante la hexagonal –lo cual motivaría a la Sele a utilizar suplentes en dicho partido-, confirmarían tal aseveración. Como se explicó en una anterior columna, existen muchos intereses económicos que llevarían al máximo ente rector del fútbol mundial a faltar a su “fair play” para brindar la ayuda que el combinado azteca urge para no quedarse fuera de la principal justa futbolística del orbe, ello en detrimento de la selección de Panamá, y por qué no, la de Honduras que también se podría ver perjudicada por la oscura manipulación de FIFA y CONCACAF, federaciones ampliamente cuestionadas por su carácter corrupto. De tal forma, y ante el riesgo de que aparezcan arbitrajes sospechosos en cualquiera de los tres juegos que le competen directamente a México (México-Panamá en el DF; Panamá-EEUU en el Romell Fernández; y el juego que nos atañe a los ticos, Costa Rica-México en San José), la afición nacional, conocedora de la situación, ha estado alimentando las ansias de vencer a su archirrival para aleccionar a toda la maquinaria económica que se mueve detrás del último boleto y medio disponibles para el Mundial amazónico.

En el área no es ningún secreto que FIFA y CONCACAF estarían moviendo influencias para que México no se quede fuera de la Copa del Mundo. La portada del diario hondureño Diez así lo denunció el mes anterior.

Pese a la concepción de que el rival de la próxima semana será más poderoso que el representativo mexicano, los ticos tenemos que sentirnos afortunados. Pocas veces nos hemos hallado en una situación como la que dio origen al presente texto, me refiero a cerrar una hexagonal de eliminatoria mundialista con el respectivo boleto sellado 35 días antes, y con la posibilidad de eliminar al más odiado rival -porque el costarricense seguidor del fútbol que se atreva a afirmar que le es indiferente lo que suceda con el equipo azteca, rayaría la hipocresía-.

La memoria nos brinda dos antecedentes similares: el primero de ellos remite a un 7 de octubre de 2001. La Nacional, que 32 días antes había conseguido su pase al Mundial Corea-Japón 2002, recibió esa vez en su sede del Estadio Ricardo Saprissa a un México con la soga al cuello, pues si perdía en Tibás, y Honduras se imponía en San Pedro Sula al colero Trinidad & Tobago, quedaba prácticamente en coma en su lucha por acceder al torneo asiático. Sin embargo en aquella ocasión ticos y mexicanos igualaron sin goles, mientras que en territorio catracho los de casa, contra todos los pronósticos, cayeron 0-1 en una de las fechas más tristes que recuerde el fútbol del hermano país hondureño. Cabe destacar como curiosidad que en aquel entonces de Honduras salieron los cables internacionales hacia el resto del mundo indicando el marcador adverso de los centroamericanos, y como los caribeños no habían triunfado en ninguno de los 8 juegos disputados en aquella eliminatoria, algunas agencias noticiosas, antes de hacer público el resultado, solicitaron la confirmación a sus homólogas hondureñas…


Rónald la BalaGómez no logra cerrar a tiempo y se desaprovecha una valiosa ocasión de gol ante la meta de los mexicanos Manuel Vidrio y Óscar Conejo Pérez. Costa Rica no pudo vencer a México en Tibás y los aztecas consiguieron un valioso punto que prácticamente los salvaría de quedar eliminados del Mundial 2002.

El otro antecedente corresponde a julio de 2011, mes en el que Costa Rica de nuevo volvió a experimentar un panorama bastante curioso. El rival de turno fue Argentina, y la Copa América se convirtió en el marco ideal para colocar a nuestro país en una palestra continental inmejorable. Transcurridas las dos primeras fechas de la fase de grupos, ticos y ches arribaron a la jornada definitoria, escenificada en el reinaugurado Estadio Mario Alberto Kempes de la ciudad de Córdoba. Sendos empates de los locales los obligaban a evitar a toda costa una derrota ante los costarricenses, pues de suceder tal cosa, la Albiceleste se hubiera convertido en el primer anfitrión en la historia de aquel certamen de la CONMEBOL en decir adiós en la primera fase. Aunado a la posibilidad de infligirle a Argentina la más humillante derrota de su trayectoria, en Costa Rica además se manejaba un ambiente revanchista, pues aproximadamente tres meses y medio antes los sudamericanos habían cometido una afrenta que generó una profunda animadversión en el país, pues se negaron a exhibir a sus mejores hombres en el encuentro amistoso que disputaron contra la Tricolor en La Sabana. Pese a la presión que recaía en sus hombros, los argentinos –con su equipo estelar- no tuvieron problemas para deshacerse de un seleccionado alternativo costarricense sub22 y lo golearon 3-0.

A pesar de que hubo mucha expectativa al respecto, Costa Rica no pudo eliminar a Argentina en su propia Copa América de 2011. En la imagen Óscar Duarte, Johnny Acosta y Heiner Mora rodean a Lio Messi, mejor futbolista del mundo.

Así las cosas, el próximo 15 de octubre de nuevo el destino nos brindará a los costarricenses la oportunidad de sostener el hacha. “La tercera es la vencida”, reza el popular refrán, y si este viernes México no logra una abultada victoria frente a Panamá en el famoso Coloso de Santa Úrsula, entonces la otra semana los canaleros dejarán la vida en el campo cuando reciban a Estados Unidos, mientras que nosotros tendremos al rival de camiseta verde arrodillado, maniatado y con la cabeza recostada en un taburete, con el emocionante atractivo que provoca el saber que el Mundo Fútbol estará a la expectativa de lo que suceda en el coliseo josefino. Como consta en toda película en la que la trama se desarrolla en torno a una ejecución, siempre existe la ínfima posibilidad de que a última hora asome la condonación, o que el condenado a muerte logre liberarse para escapar, o que aparezca alguien y lo rescate. Temiendo que México sea el héroe de la obra, y que la FIFA abogue por él, todo haría presagiar que salvaría su vida finalmente… En fin, habrá que esperar cómo termina; por lo pronto, Costa Rica tiene el arma de ejecución lista en las manos pues afortunadamente posee el papel del verdugo…

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