En el momento preciso que supe que iba a ser mamá mi vida cambió drásticamente. Ahora no solo éramos mi esposo y yo, ahora íbamos a ser una familia de tres. Llegó mi hermosa princesa y con muchas ilusiones la recibimos. Al ser prematura las preocupaciones comenzaron un poco antes de lo esperado. Gracias a Dios se desarrolló de una manera normal dentro de las complicaciones al ser una niña prematura. La llenamos de cuidados y del amor único y especial que solo sabía darle. Pasaron casi ocho años y llegó mi hermoso príncipe. Gracias a Dios, y a los cuidados extremos, nació bien y sin complicaciones.

Así el tiempo pasó y sin darme cuenta comenzamos en este hermoso mundo del futbol. El tenía 4 años y ella 11; ya de esto han pasado más de 12 años. Puedo contarles de sus primeras prácticas, de sus primeros juegos, de todos los golpes, de todos los huesos rotos, de todas las visitas a la sala de emergencia. Pero a la vez puedo contarle de los trofeos, de las medallas, de los triunfos, de las derrotas, de las alegrías, de las tristezas todos estos sentimientos que el deporte puede aportar a una vida. ¡Que muchas satisfacciones nos ha traído el futbol a mi hogar! ¡Que muchos gritos!, ¡Que muchos aplausos! Y ¿que me dicen cuando felicitan a tu hij@ personas de otro equipo por su excelente labor? Mi corazón no cabe en mi pecho.

Pero, ¿ahora qué? Primero me sucedió con ella, U-11, U13, U15, U17, Sub-20, y LAI. Me pregunto: ¿Cuándo creció? No me di cuenta. Fué como si entre el lapso de su nacimiento, escuchar sus primeros gritos y decirme: ¡Mami ya no juego más! Fue cuestión de nada. Mi bebé creció y no me di cuenta. ¿Será que como madres nos negamos a verlo? ¿Será un mecanismo de defensa? ¿Será que Dios permite esto para que no nos duela tanto al verlos crecer y saber que pronto volaran del nido? No sé la respuesta.

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Pero si sé que ahora me toca mi chico, ya pasó la U7, U9, U13, U15, U17 y en un parpadear llegará la Universidad. El tiempo está pasando muy rápido. ¡Sé que mi vida no ha sido fácil! Horas de prácticas. Horas de juegos. Pero a la vez horas de satisfacción de que estuve ahí en primera fila. ¡Que nadie me lo contó! Cuando mis hijos sean viejitos, y no esté ahí, contarán de una mamá que estuvo para ellos, de una mamá que era su fan número uno. De una mamá que aprendió mucho de ellos y sobre todo de una mamá que les dio todo su amor y su tiempo. Y sé que cuando tengan sus hijos seguirán con la tradición del deporte que aprendieron a amar y a disfrutar, el futbol.

Y como mis amigas soccermoms se nos salen las lágrimas de solo darnos cuenta que el tiempo está pasando demasiado rápido, nos negamos a aceptar, nos negamos a ver que ¡NO TENEMOS BEBES!

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