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fuente Pinterest

Desde que mi hija nació siempre la vestía como una muñequita con sus lazos, zapatos y ropa toda combinada; pobrecita los lazos en la mayoría de las veces eran más grandes que ella. Siempre he sido sobre protectora y al ser una bebé prematura le tuve todos los cuidados del mundo. Su desarrollo fue al nivel de los demás y al ser pequeñita de estatura y delgadita pues pensé que el ballet era la solución. Pero para mi sorpresa nada de ballet, lo que le gustaba era pintar y el soccer.

Terminó su etapa de pintar y comenzó de lleno su etapa del soccer. No se me olvida su primera practica ¡OMG que emoción! Había otras hermosas niñas junto a ella para aprender un deporte totalmente desconocido para nosotros. Primero: dominio del balón ok. Segundo: físico más o menos y luego practicar las jugadas que le estaban enseñando en el terreno y junto a chicos ¡OMG me la van atropellar! Pero para mi sorpresa mi chiquita bella era ágil, rápida y fuerte. En el terreno se transformaba completamente. No crean que se me hizo fácil, tampoco crean que no tuvimos que ir al hospital de emergencia. Tampoco piensen que no se dio golpes. En su bulto siempre había un “sobito” para aliviar el dolor y siempre aparecía el hielo para las lastimaduras.

Así pasaron los años, mi frágil niña se convirtió en una hermosa y fuerte joven. Su desarrollo motor y físico fue excelente. Pero a medida que fue cambiando de categorías la cosa se fue complicando un poco. Hubo momentos de tensión, hubo momentos de frustración, hubo momentos de muchas lágrimas, en donde mamá tenía que consolarla al ver las injusticias que ocurrían al ser una jugadora niña y no varón. La desigualdad es bien visible y latente. En el camino aparecieron ángeles que creían en el desarrollo de las niñas y que creían 100% en ellas, pero también nos encontramos con entrenadores que fueron piedra de tropiezo para muchas de esas niñas que empezaron con ella con mucho interés y obstaron por retirarse del deporte a pesar de amarlo. Muchas veces vi con dolor en el alma que a pesar de querer jugar no se les sacaba el máximo a jugadoras excelentes y terminaban retirándose.

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Uno de mis mayores orgullos fue el día que entró a la Universidad becada. Fue una emoción enorme y verla con su uniforme representando a la Universidad un orgullo bien grande. Su esfuerzo, disciplina, lágrimas, dolor y golpes valieron la pena. Otro momento fue cuando la aceptaron a jugar representando a un Municipio. Fue emocionante para mí y una etapa de aprendizaje para ella. Entre torneos, juegos y ligas así pasaron muchos años. Mamá y papá estaban ahí siempre apoyándola, siendo siempre sus admiradores numero uno.

Ya han pasado varios años, para ser exactos este mes de enero del 2018 12 años. He tenido el placer de conocer muchas jugadoras excelentes y a unos padres que respaldan a sus hijas no importa que. Ya la etapa de soccer Universitario terminó. Ahora estamos en la etapa de graduación de su bachillerato y continuar con su maestría. No saben lo orgullosa que estoy de mi jugadora favorita. ¡Ella me ha enseñado tanto! Primero ser madre, me enseñó a amar a este deporte, a ser perseverante y me enseñó ser una soccermom.

Pero ni crean que todo acaba ahí esta soccermom no ha terminado con su trabajo porque tengo otro hijo, el portero y esta es otra historia que a penas comienza.

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