Miércoles 15 de junio de 2016
Edwin R. Jusino | Desde la Tribuna

El pasado sábado 11 de junio dió por concluido la lucha de poderes sobre los estatutos de la Federación Puertorriqueña de Fútbol (FPF). La apatía de los detractores fue lo suficiente para que la FPF lograse aprobar los estatutos, de la manera en que fueron aprobados.

Como todo evento electoral, la abstención a participar del proceso fue el factor principal para ceder ciertos derechos y conceder derechos a otros. Los estatutos en su mayoría no son malos, pero ciertamente tienen areas en las que se tienen que volver a enmendar y cambiar.

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Eric Labradror consolidó su mandato. La oportunidad que tuvieron sus detractores para sacarlo la dejaron pasar. La oposición ahora tiene 2 años para prepararse para lograr sacarlo por la via electoral en el 2018. Y quien sabe, si la oposición sigue peleandose entre si, Labrador, como zagás político, volverá a triunfar. Aunque, por lo menos en las próximas elecciones tendrá que haber una segunda vuelta de nadie adquirir un 50+1 de los votos, según los estatutos nuevos aprobados.

Pero no nos enfoquemos todavía en el futuro, sino en el ahora. La Asamblea fue una obra de teatro perfectamente ensayada. El traer a los jugadores de la Selección Nacional y apelar al sentimiento patrio, fue una estrategia política que funcionó de maravilla. Electores que estaban indecisos o se abstuvieron o votaron a favor, no de Labrador, sino de darle continuidad a las selecciones nacionales.

Hasta yo mismo me cuestioné si ganaba el no valdría la pena la suspensión.

Pero definitivamente, el gran perdedor en todo este proceso fue uno de los propulsores mayores contra el no, José Serralta. Serralta tuvo el mango por la mano y lo dejó ir, particularmente porque los clubes con voto en la Puerto Rico Soccer League no le respondieron. Su figura como líder está desgastada y para los que pensaban que el pudiera resurgir como un lider aglutinador en el fútbol, esta experiencia demostró que perdió la convocatoria que había aparentado tener.

Cierro este corto analisis con lo siguiente. Ya lo decidido está. A menos que pase algún milagro, hay que aceptar que Labrador tiene un mandato hasta el 2018 y que lo va a cumplir, gustele al que no le guste. Para que nuestro fútbol pueda seguir creciendo, tanto en talento deportivo como en la area comercial, se necesita unidad.

Como los políticos se unen luego de una primaria, así mismo se debe unir el fútbol. Despues de todo, la federación no son Eric Labrador, o Alberto Santiago, o Anita Rabell, sino todos sus componentes, que ahora incluye jugadores, técnicos y árbitros.

Si queremos un fútbol de primera, tenemos que trabajar en conjunto, aunque sea por año y medio. Pero no se puede seguir tirando lodo de lado a lado, por que al final, todos terminamos en lodado y quien pierde es el fútbol de Puerto Rico. Esto no quiere decir que no se debe fiscalizar a la dirigencia de la FPF. Para nada. La fiscalización debe ser más rigurosa que nunca, tanto de los medios de comunicación como de los detractores.

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