Martes 1 de julio de 2014

Esteban Guevara/FBNET

portadita

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Como una montaña rusa… el encuentro futbolístico más importante en la historia de Costa Rica fue como disfrutar un increíble paseo en la más espectacular montaña rusa. Hubo de todo en el trayecto de más de dos horas de acción; tramos en los que nos sentíamos seguros, otros en los que el vértigo nos provocó náuseas hasta llevarnos a desear una pausa; en algunos momentos nos envalentonamos al punto de pensarnos indestructibles. En las siguientes líneas reviviremos ese inolvidable ‘sube y baja’ anímico de cuatro millones y medio de costarricenses que sufrimos, gritamos, lloramos y festejamos como pocas veces lo habíamos hecho en un encuentro de fútbol.

Primero que todo hay que destacar algo con respecto al rival: apenas Grecia hizo la hombrada y en su último partido de la fase de grupos logró una clasificación dramática ante Costa de Marfil, los ticos –consciente o inconscientemente- se frotaron las manos; el “accesible” oponente no representaría mayor obstáculo para continuar el brillante paso de la Sele en el Mundial brasileño; Campbell haría un par de goles contra sus excompañeros, Celso marcaría el que ha estado buscando, y facilito los enviaríamos al Olimpo con tres en la cuenta… Bueno, pues todo seguidor tricolor que haya pensado así pasó por alto un detalle: si a los seleccionados griegos se les hubiera dado a escoger su contrincante del ‘Grupo de la Muerte’ para el duelo de Octavos, probablemente de forma unánime se hubieran decantado por Costa Rica, de menor tradición mundialista que uruguayos, ingleses o italianos. Sintiéndose afortunado, el conjunto helénico también se presentó al Arena Pernambuco con la consigna de hacer historia, y pronto empezó a controlar las acciones del juego, por ello apenas concluyó la primera mitad muchos –me incluyo- mediante una mueca evidenciaron un sincero y algo preocupante “no me gusta”…

Hasta ese momento, el viaje por la montaña rusa lucía difícil de completar, pero como en el fútbol quien se aprovecha de las oportunidades es el que disfruta las mieles del éxito, llegó el minuto 7 de la etapa complementaria, instante en el cual el desconcierto sufrió el primer gran giro cuando Bryan Ruiz de forma magistral empleó un sutil toque de pierna izquierda para anotar un gol que llevó alivio y confianza a las huestes nacionales. La lúdica actividad se volvió a tornar en un emocionante paseo en el que el control lo teníamos nosotros. Con 38 minutos por delante, era cuestión de saber administrar el duelo, tal como se hiciera hace nueve días justamente en ese mismo escenario, cuando la Selección supo defender otra anotación de la Comadreja contra otro seleccionado azul y blanco, Italia.

Gol Bryan

Pero los nuestros no contaban con el arbitraje riguroso del australiano Benjamin Williams. Las incorrectas decisiones del oceánico, sin embargo, no incidirían en el transcurso del encuentro, y eso hay que señalarlo de forma objetiva; los ticos nos estamos acostumbrando a sufrir tantos agravios de la FIFA que ahora no desaprovechamos la primera oportunidad para reclamar cualquier señalamiento que los otrora jueces de negro nos marquen. Yerro –no tenga reparo en llamarlo robo- había sido el penal a Campbell que el réferi chileno  Enrique Osses no pitó en el mencionado triunfo ante la Azurri, pero ayer Williams tuvo un trabajo que podría calificarse como ‘normal’; si bien a él y a sus asistentes se les escapó en el área griega una mano tan poco clara que solo mediante la repetición televisiva descubrimos, luego expulsó correctamente a Óscar Duarte en el minuto 21 del segundo tiempo; el orgullo de Catarina de Masaya acumuló una segunda tarjeta amarilla y dejó a su equipo en inferioridad numérica; de nuevo se tornaba pesado el “paseo” que muchos esperaban…

Pero a partir de ese hecho la Sele se replegó y empezó a soportarlo todo amparada en un santo, no me refiero a San Ignacio de Loyola ni San Antonio de Padua, no, el de ayer fue “San Keylor”, como tituló hoy su portada el diario chapín Siglo 21. El guardameta pezeteño Keylor Navas demostró el porqué de su exitosa temporada recién concluida en la liga española. Así como en la Madre Patria hizo tapadones que parecían imposibles, ayer en Recife voló, achicó, desvió, ¡hubiera detenido una bala de cañón si se la hubieran disparado! En Costa Rica somos enormemente afortunados porque contamos con un guardameta que parece que se burla de la física; Navas estuvo a tres minutos de enviar al combinado patrio a Cuartos por la vía menos difícil, pero apareció el “Jonathan Burnstein helénico”, Sokratis Papastathopoulos, y envió el juego a tiempos extra.

La tapada

La montaña rusa ya estaba muy ruda, queríamos hallar una forma de evitarla, pero tal como sucede cuando el aparato mecánico empieza a andar, ya no hay forma de dar marcha atrás y lo que corresponde es aguantar. Con diez hombres, con un grandísimo desgaste, con la moral pisoteada por un enemigo de apellido impronunciable, Costa Rica inició el alargue. En la mente de todos los ticos se albergaba un “no es justo”… No era justo que la Selección que antes de llegar al primer aeropuerto brasileño ya era candidata a terminar última del Campeonato Mundial hubiera hecho la proeza de vencer a dos gigantes como Uruguay e Italia, para morir en la orilla del pase a Cuartos. No era justo que Brasil 2014 se quedara sin la magia de Joel Campbell y Bryan Ruiz, sin el coraje de Yeltsin Tejeda, sin la espectacularidad de Keylor bajo los tres tubos; no era justo que Jorge Luis Pinto le dijera adiós a una oportunidad que esperó por décadas… ¡no era justo que nos quitaran a los costarricenses este sueño del que no nos queremos despertar!

Pero aunque el magnífico ordenamiento defensivo que sí hubo en los juegos anteriores distó bastante del mostrado frente a Grecia, lo que no cambió ni un poquito fue la garra, ese empuje por no dar por perdida la partida. Se apreció en Joel corriendo con el corazón y no con las piernas, que daban la impresión de hacerlo en arena, su esfuerzo y cansancio lo sentimos todos… se apreció el coraje en José Miguel Cubero, quien ingresó de relevo y se inventó una jugada por la banda derecha que estuvo a punto de convertirse en el agónico gol que ‘pulseaba’ la ‘Suiza Centroamericana’. El esfuerzo del contención del CS Herediano luego se transformaría en incontenible llanto, en una imagen reproducida por el canal español Telecinco que hoy le da la vuelta al mundo y nos enternece a todos los costarricenses, conocedores como nadie de la tenacidad que Cuberito ha tenido desde diciembre de 2012 cuando se fracturó el pie y perdió su puesto como titular en el combinado tricolor. Las lágrimas que compartió con Waylon Francis son justificadas, este pueblo lo sabe…

Emotivo vídeo de Telecinco: http://www.telecinco.es/video/video-embed.html?contentId=MDSVID20140630_0112&width=300&height=169&showTitle=1&showSummary=1

La Sele aguantó y aguantó, y nosotros también. A falta de 7 minutos para el pitazo final los griegos recuperaron un balón que Costa Rica trató de convertir en anotación en un tiro de esquina. Contragolpe que lucía mortal, cuatro europeos se dirigieron a toda prisa a la cabaña tica y solo dos gendarmes nacionales quedaban para resguardarla. “¡Ay no, ay no, por favor no!” dijimos, pero de nuevo el genial arquero del Levante repelió. ¡Ya no más, que termine este suplicio!” Sentíamos que estábamos en el peor momento de entre todos los juegos de Ciudad Mágica o de Disney World, incluso náuseas empezaron a aparecer en algunos (por lo menos quien escribe estas líneas algo así empezó a experimentar en ese instante). “Si la Sele saca este partido va a ser heroico, una gesta épica, lo más grande de nuestro fútbol”, pensábamos…

Y finalizaron los 120 minutos de acción. ¿Descanso? ¡imposible! Aunque parecía irreal vivir algo más estresante que lo que acabábamos de contemplar, aún faltaba producir más adrenalina. Definitivamente no es ni un poco similar observar una tanda de penales en una Copa del Mundo cuando uno de los partícipes es la nación propia. “¡Hágalo, hágalo!” dijimos cuando colocaron el balón y tomaron impulso Celso, Bryan, Pipo y Joel… “¡Sí, goooool! gritamos cuando sus remates abombaron las redes de Karnezis. Y en los remates de los griegos, “¡tápelo, Keylor, tápelo!”. Tres de ellos lograron vencerlo, pero en el cuarto lanzamiento apareció un tal Theofanis Gekas, posiblemente un ilustre desconocido para muchos costarricenses, pero muy conocido por nuestro cancerbero, quien lo tuvo como compañero en el conjunto levantista durante tres meses en 2012. Cobró Theo al lado derecho del nacional, este voló a ese sector y a mano cambiada rechazó el disparo. En nuestro país jamás se había celebrado tanto un penal repelido como ese. La mano salvadora de Navas le colocaba la clasificación en bandeja de plata al siguiente tirador. De nuevo la montaña rusa era divertida, increíble, alucinante…

Penal Keylor

Y apareció Michael Umaña. El vecino de Santa Ana lució confiado, buscó un balón, lo acomodó en el manchón blanco, (fatídico, consideran muchos) exhaló, y cumplió con lo que todo un país esperaba de su remate. Adentro y a celebrar, la hombrada estaba consolidada. Costa Rica se metió a Cuartos de Final, una instancia en la que 41 de los más de 77 países mundialistas aún sueñan con algún día poder alcanzar. La Cenicienta, único sobreviviente del Grupo de la Muerte, se niega a morir en Brasil y más bien le peleará a Holanda el pase a las semifinales del torneo el próximo sábado. Gracias por esta inolvidable vuelta en la montaña rusa, los costarricenses estamos disfrutando montones y no nos queremos bajar, deseamos continuar y llegar lejos, muy lejos…

Michael

 

*Las fotografías fueron tomadas de Getty Images, AP y AFP.

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