Lunes 10 de noviembre de 2014

Esteban Guevara/FBNET

Luis Enrique

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En un tema mediático en España se han convertido las diferencias entre el director técnico Luis Enrique y su dirigido en el FC Barcelona, Gerard Piqué, cuyo punto de inflexión de tan mala relación parece haber llegado ya: con dos permutas realizadas y Xavi Hernández con boleta en mano presto a agotar la tercera variante, el estratega de origen asturiano obligó al zaguero a continuar calentando, incluso cuando el jugador ya había regresado al banquillo de suplentes, su “casa” en los últimos tres encuentros del Barça. El hecho se convirtió en el detonante de un sinfín de críticas a lo largo de la Península, todas ellas contrarias al carácter humillante del “castigo” que ha estado sufriendo el esposo de Shakira debido a su aparente poco compromiso con el club.

Pues bien, en la columna de hoy decidí compartir una anécdota similar que ocurrió hace ya 19 años en el Estadio Alejandro Morera Soto. Si el estimado lector la recuerda, pues entonces se preciará de haber sido testigo (ya sea que la observó por televisión o estuvo esa vez en el Gigante del Llano), y si no es así, entonces en las siguientes líneas se enterará del asunto.

Juan Carlos Arguedas era un fino volante ofensivo que las divisiones inferiores de LD Alajuelense le brindaron al balompié costarricense a finales de la década del 80. Figura destacada de la Selección Juvenil que el finado Juan José Gámez llevó a incursionar en Arabia Saudita 89, -la primera Copa Mundial sub20 a la que clasificó nuestro país- Juanca se ganó el mote de la Barbie por su juego elegante, estilizado, conduciendo el balón siempre con la cabeza en alto. De la camada de Gámez, posiblemente Arguedas era junto al capitán Ronald González y el artillero Danilo Brenes, uno de los principales llamados a sobresalir en nuestro fútbol nacional.

Con su debut en la máxima categoría empezaron muy pronto las loas y los reconocimientos. Rolando Villalobos lo convocó a la Selección Mayor que disputó la primera edición de la Copa de Oro en 1991; a la par de muchos de los heroicos ticos que habían brillado en Italia 90 (Gabelo, Róger Flores, su “compinche” Ronald González, el Chunche, Marchena, Jara, Medford…) el Carasucia no demeritó y fue titular… a manera de ejemplo, cito al Pulseador Yeltsin Tejeda bregando en Brasil 2014 con sus compañeros, prácticamente todos legionarios y por ende más experimentados que él.

El siguiente paso de la Barbie consistió en jugar en el extranjero. Junto a Claudio Jara viajó a Colombia en 1994 para enlistarse en las filas del Bucaramanga, mas el equipo cafetero lidiaba con el fantasma del descenso y lejos de ser un escenario para que Arguedas desplegara su juego, la situación más bien exigía sacar puntos ‘a la brava’, como decimos los ticos. Regresaron a los pocos meses con más pena que gloria, pero tal como dicta uno de los muchos preceptos futbolísticos que manejan los entendidos de este deporte, “sirvió para recargar baterías”. Arguedas empezó a anotar goles con Alajuelense, pese a que su posición en el campo no era propiamente la delantera; su técnico brasileño Valdeir Badú Vieira acomodó el esquema rojinegro para que el “repatriado” destacara, y vaya que lo hizo: con 28 anotaciones marcadas en menor cantidad de juegos que todos los demás artilleros del país (puesto que se había reincorporado a la Liga casi a mitad de temporada) terminó siendo el goleador del certamen y, de nuevo, la atención internacional se centraría en él.

Juanca

Desde España, México e incluso Colombia aparecieron las ofertas por hacerse con los servicios del ídolo alajuelense, el jugador más querido y admirado de la institución rojinegra en 1995, pero la historia tomó un giro inesperado que hasta la fecha sigue sin poder ser olvidado por la afición manuda: en medio de los elogios y la baraja internacional que lo rodeaba, Juan Carlos no renovó con LD Alajuelense y fichó con el CS Herediano. De ídolo pasó a ser villano, enemigo público número uno de la provincia de Juan Santamaría, que vio cómo su gran crack cambió su club por otro de los llamados grandes del país.

Empero, Arguedas no jugaría ni un solo partido oficial de campeonato con los rojiamarillos (lo haría pero varios años después) y los Tecos de la Universidad Autónoma de Guadalajara se convertirían en su nuevo hogar. El mejor futbolista y máximo anotador del torneo costarricense se aprestaba a tratar de lucirse en el balompié azteca, donde se esperaba mucho de él. El conjunto tapatío –hoy conocido como Los Mineros de Zacatecas- era dirigido por Jesús Bracamontes, exjugador de Chivas y quien actualmente labora como comentarista para Univisión de Estados Unidos, y entre los retos de aquel tiempo se encontraba su participación en el certamen de clubes de la CONCACAF, donde –por obra del ‘destino futbolero’- le correspondería enfrentarse a LD Alajuelense en una serie de eliminación directa para avanzar a la cuadrangular final de la competición.

Juan Carlos ya había actuado con los rojinegros ante el Across Crystal beliceño en la fase previa de aquella edición del torneo, por lo que se encontraba inhabilitado para tomar parte en el playoff contra su exequipo; el ente rector del área incluso realizó el comunicado oficial en el que confirmaba la imposibilidad del futbolista costarricense para jugar. Tecos, por su parte, se impuso 2-1 en el juego de ida disputado en Guadalajara, y para la vuelta, escenificada en el Morera Soto en setiembre de 1995, arribó con Arguedas dentro de su plantel; debido a que el mediocampista apenas contabilizaba una semana de haberse integrado al club, Bracamontes consideró oportuno que viajara con sus nuevos compañeros.

En el encuentro decisivo los locales vencieron 2-1 durante los 90 minutos regulares, y en los tiempos extra marcaron el ‘gol de oro’, modalidad vigente en esa época, con el que eliminaron a Tecos y clasificaron a la última fase, para algarabía de las huestes manudas y decepción de las mexicanas. Pero el hecho que llamó poderosamente la atención en el partido -y que dio pie a la columna de hoy- lo constituyó Bracamontes antes de comenzar el enfrentamiento, pues envió a la gramilla a Juan Carlos (él solo, sin la compañía de más jugadores tecolotes) con el fin de ejecutar ejercicios de calentamiento; el tico desde luego se convirtió en el centro de los silbidos e insultos de su otrora fiel afición. El timonel excusó su proceder en que el nuevo fichaje debía hacer trabajo en el campo cuanto antes, mas posteriormente quedaría en evidencia que el exrojinegro no entraba en sus planes, pues en cinco meses que permaneció en el cargo siempre relegó al nacional a la suplencia.

Bien o mal, en un medio como el fútbol los jugadores siempre están expuestos a este tipo de situaciones, “formadoras de carácter” y “lecciones de humildad”, consideran quienes acuerpan tan crueles disposiciones; o bien, “demostración autoritaria del ego enfermo” por parte de algunos estrategas, señalan sus detractores. Los de Piqué y la Barbie corresponden a apenas dos casos de muchos que ha habido y que seguramente seguirán existiendo en el deporte número uno del mundo, donde al fin y al cabo el técnico es “el puto jefe, el puto amo, el que más sabe en esta sala”, parafraseando al Pep Guardiola en una de sus muchas disputas públicas con el magnánimo de Mou.

Barbie

 

 

*Las imágenes fueron tomadas de AS de España y de La Nación.

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