RFEF – Gaspar Rosety, Bayamón (Puerto Rico)
16-08-2012
La Selección Española se ganó el cariño de todo el pueblo boricua con su presencia en la Isla del Encanto y aprovechó para ensayar de cara a la fase de clasificación del Mundial de Brasil 2014. Gaspar Rosety, Director de Medios de la Real federación española de Fútbol, desgrana algunas notas sobre esta gratísima experiencia.
Este maravilloso territorio que descubrió Cristóbal Colón en 1493, en su segundo viaje a las Indias Occidentales, recibió a España con enorme respeto, afecto y reconocimiento. Esta puerta de América, a caballo entre el Océano Atlántico y el Mar Caribe, vecino de la República Dominicana, presidido por la alegría de sus gentes, buscó en la Selección Española el motivo para una fiesta nacional de su fútbol y es de justicia afirmar que lo logró.
Jeaustin Campos, el costarricense que ejerce el cargo de seleccionador del Estado Libre Asociado, supo dar con las teclas para que España no le hiciese un agujero. Generó una organización defensiva de diez hombres, el guardameta, cinco defensas y cuatro medios de corte destructor con algunas capacidades creativas distraídas por la brutal y desmesurada posesión de la Selección Española.
Como el juego era insuficiente para taladrar esa muralla, la España delbosquiana tiró de oficio para lanzar desde lejos y sorprender a un meritadísimo William Claudette, sin duda, la gran estrella puertorriqueña. Lo hizo Santi Cazorla, primero, y Cesc Fábregas cuatro minutos más tarde. Sentencia de muerte y descanso.
San Juan, la capital metropolitana que abarca Guaynabo y Bayamón, además de barrios como Santurce, El Condado, Isla Verde y otros, se abre a los ojos del visitante con calor y humedad, envueltos en la enorme alegría de un pueblo que festeja con grandeza lo que tiene y que ofrece cuanto encuentra para que el viajero se sienta cómodo. Desde el mofongo con churrasco de “Raíces” hasta las exhibiciones musicales de The Perrot Club, de Lulis o del Café Puerto Rico, el Viejo San Juan de la legendaria canción, compuesta y cantada por Noel Estrada, nos traslada a un paraíso de ritmos que andan por las calles vecinas de Fortaleza. Puerto Rico del alma.
El país hizo un esfuerzo impresionante por sí mismo y en beneficio de los niños autistas, de un sector de la juventud local, y se encontró con un movimiento popular que supo festejar la presencia de los tricampeones de Europa y de los Campeones del Mundo, así como las Copas que lo acreditan.
Cuando Jeaustin Campos sacó en la segunda toda su artillería para caer con las botas puestas, el estruendo del estadio Juan Ramón Loubriel retumbo en cada rincón de la Isla del Encanto, ataviada con ese perfume que nos asocia con nuestras queridas Islas Canarias. Apareció Cintrom y clavó un disparo abajo y a la izquierda de Pepe Reina. Gol. Puerto Rico explotó de júbilo, arreciaron los tambores en el estadio y, por un momento, soñaron los boricuas con el milagro de no perder mientras festejaban el éxito y el premio de marcar un gol a La Roja.
Un éxito de organización, un espectáculo del pueblo puertorriqueño, un ensayo de España para preparar el partido de Georgia, que a Del Bosque le habrá servido para ver lo que quería, y una oportunidad para que el fútbol borinquen se conozca en la Vieja Europa proyectado desde la nueva América.

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