Domingo 19 de junio de 2016
Edwin R. Jusino | Desde la Tribuna

El diccionario de la Real Academia Española define violencia como:

1. f. Cualidad de violento.
2. f. Acción y efecto de violentar o violentarse.
3. f. Acción violenta o contra el natural modo deproceder.
4. f. Acción de violar a una persona.

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Por su parte una persona violenta es definidia como:

1. adj. Dicho de una persona: Que actúa con ímpetu y fuerza y se deja llevar por la ira.
2. adj. Propio de la persona violenta.
3. adj. Que implica una fuerza e intensidad extraordinarias.
4. adj. Que implica el uso de la fuerza, física o moral.
5. adj. Que está fuera de su natural estado, situación o modo.

¿Por qué comienzo mi columna de esta manera? Porque lamentablemente la violencia ha sido un factor principal en el deporte puertorriqueño, particularmente en el fútbol.

Según el psicólogo Raymond W. Novaco hay cuatro estímulos que provocan reacciones violentas en los seres humanos:

1. Frustraciones
2. Sucesos irritantes
3. Provocaciones verbales y no verbales
4. La falta de correción y la injusticia

La historia violenta del fútbol puertorriqueño

Según el colega historiador, Luis Reinaldo Álvarez, en su libro El fútbol nos cayó del cielo, para la década de los 1970’s se inculcó en toda una generación de futbolistas el uso de la violencia como un mecanismo acceptable. Esta es la década de gloria, o la era dorada del fútbol puertorriqueño, cuando surgen como potencias clubes como la Academia Quintana, Don Bosco, Roosevelt,  Guayama, Atléticos de Añasco, Yabuco FC, entre otros.

Esta es la época del mandato del licenciado José Arzuaga al frente de la recién re-organizada Asociación de Fútbol Aficionado (AFA), la precursora de la moderna Federación Puertorriqueña de Fútbol.

Álvarez describe este periodo de tiempo como «los enemigos del fútbol»

Para estos tiempos el fútbol isleño continuaba todavía con su táctica de fútbol-fuerza, o sea, con el «cerrojo» (colocación de un jugador libre de misión concreta por detrás de la defensa) y con prácticas antideportivas. Pegaban mucho y fuerte. Siempre aparecía un defensa dispuesto a sacar de juego al «estrella» del equipo contrario y el fútbol boricua se metió en un túnel oscuro.

En este pequeño extracto de las páginas 156-157 del libro de Álvarez, el cronista describe lo que el vivió como jugador en esa época.

A pesar de que hoy día se supone que el fútbol tenga más controles contra la violencia la misma continúa siendo un escollo. Esa filosofía de los 70 todavía impera en algunos ex jugadores que ahora son dirigentes, y en algunas instituciones.

Peor aún, es que el arbitraje a veces peca de poco serio, ya que en vez de sancionar la violencia, sea física o verbal, la tolera, por eso de tener miedo a represalias.

Es hora que todas las ligas, sean de categorías inferiores como de superior, masculinas o femeninas, y la Federación Puertorriqueña de Fútbol, empiezen a poner en acción la filosofía de «Fair Play» o «Juego Limpio». El deporte es un excelente mecanismo de mejoramiento social, sin embargo, el mismo también puede servir como un instrumento de mal.

Son los jugadores superiores los que son el reflejo de nuestro fútbol. La indisciplina y la falta de respeto por el otro son factores que afectan el crecimiento colectivo. Mientras sigan ocurriendo habitualmente estas acciones antideportivas, los inversionista y auspiciadores continuarán dando de codo al fútbol local. Particularmente, porque el mensaje que se envía es que es un deporte poco serio.

Es tiempo de erradicar la violencia, no solo dentro del campo, sino la violencia en las gradas por parte de «fanáticos radicales» o «fanáticos problemáticos» que poco aportan a un sano ambiente, y solo añaden leña al fuego.

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