Jueves 26 de marzo de 2015
Esteban Guevara/Columna ‘Mejenga Tico’
CR Méx 91
A unas horas de volver a presenciar un juego de nuestra Selección Nacional en casa, los aficionados costarricenses viven con entusiasmo la oportunidad de apoyar in situ a la ‘Cenicienta’ de Brasil 2014, el “pobre” representativo centroamericano que enclavado en ‘el grupo de la muerte’ le demostró al mundo que tenía con qué competir y que “los muertos eran otros”, parafraseando al capitán de la ‘Sele’, Bryan Ruiz.

Ocho meses después de que la Tricolor regresara al país con la cabeza en alto, con el excelente dato estadístico de no haber sido derrotada en ningún juego, pero sobre todo con el honor de haberle cumplido a este pueblo, surge obligatoriamente la pregunta-crítica: ¿por qué hubo que aguardar tanto tiempo para que el equipo recibiera el mejor de los homenajes? ¡Claro, me refiero al reencuentro en el campo con su gente! La afición que apoyó a la Selección en toda la eliminatoria, la que no abandonó el barco cuando El Salvador nos quitó dos puntos apenas en el inicio de la etapa de cuadrangulares y volvió a colmar el majestuoso Estadio Nacional en la siguiente presentación en casa ante México; la que asistió para darle la espalda al himno del burlesco ‘Fair Play’ de la FIFA y toda su corrupta maquinaria (CONCACAF incluida) en apoyo del cuadro nacional que había sido ultrajado en la nevada de Denver; la que conformamos usted y yo, amigo lector, esta es la afición que debía ser la primera en ser invitada a una fiesta como la que aguarda hoy La Sabana, pero no ocho meses después…

Parece que nuestros dirigentes, aún montados en la carroza de la celebración y negocios alternos, siempre se olvidan de los que más se merecen gritar un gol tico en las gradas. Tan desafortunada dirección lamentablemente no es de ahora; de hecho, la presente columna trae a colación una experiencia similar ocurrida hace lejanos 24 años, cuando los costarricenses volvieron a observar un encuentro del ‘equipo de todos’ en el coliseo josefino después de la gran participación nacional en Italia 90, nuestra primera presencia en una Copa del Mundo, y en la que los muchachos de ‘Bora’ alcanzaron los octavos de final, también contra todos los pronósticos.

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En aquella oportunidad habían transcurrido diez meses desde las faenas realizadas por los nuestros en Génova, Turín y Bari, y con la consigna de iniciar un nuevo proceso mundialista, la Fedefutbol le encargó la dirección técnica a Rolando Villalobos, uno de los asistentes del serbio en el Mundial italiano (cualquier semejanza con la actualidad es mera coincidencia). ‘El Cadáver’, como se le conoce a Villalobos, exjugador de Alajuelense, Saprissa y otros clubes, tomaría el mando tricolor y sobradamente ganaría la Copa UNCAF en mayo de 1991, pero fracasaría rotundamente en la Copa de Oro dos meses más tarde, en una presentación para el olvido, pues con el concurso de varios mundialistas se venció a Guatemala en el debut, y luego cargaría con un grueso fardo de cuatro derrotas consecutivas ante Trinidad y Tobago, Estados Unidos, Honduras y México.

Pues bien, el primer juego que comandó Rolando se había llevado a cabo en abril de 1991, y correspondió justamente a la primera presentación de la ‘Sele’ ante su gente tras Italia 90. El rival, México, invitaba a esperar una contienda de poder a poder en el viejo Estadio Nacional; el ‘Gigante de la CONCACAF’ ante los aguerridos ticos que en ese momento podían jactarse de incluirle a su palmarés la etiqueta de ‘mundialistas’. Nueve de los victoriosos jugadores de Milutinovic fueron convocados por Villalobos: Hermidio Barrantes, Vladimir Quesada, Róger Flores, Héctor ‘la Iguana’ Marchena, Mauricio ‘Chunche’ Montero, Róger ‘el Policía’ Gómez, Óscar ‘el Machillo’ Ramírez, Roy Myers y Claudio Jara; cabe recordar que otros ya militaban en Europa, como Gabelo Conejo, Ronald González, Juan Cayasso y Hernán Medford, y al no ser una ‘Fecha FIFA’ (término que no se utilizaba en aquellos tiempos) no pudieron reforzar al combinado patrio.

Junto a esas nueve piezas de experiencia, fueron convocados jugadores del ámbito local que desde ese momento significaban importantes cartas para complementar una Selección que tenía al Mundial EEUU 94 como principal objetivo. Alexis ‘Supermán’ Rojas, Pedro Cubillo, Floyd Guthrie, Edwin ‘Sarapiquí’ Salazar, Sandro Alfaro, Luis Diego ‘el Flaco’ Arnáez, Carlos ‘Pistoncillo’ Velázquez, ‘Leoni’ Flores, Javier Wanchope y Norman ‘Pin’ Gómez completaron la nómina tricolor, que se midió a una Selección mexicana que tampoco presentaba sus principales armas; dirigidos por Manuel Lapuente, jugaron esa vez Ricardo Martínez, Juan de Dios Ramírez Perales, Alberto García Aspe, Sergio Almaguer y Luis García, entre otros, la mayoría de ellos sin un importante bagaje en ‘el Tri’.

Pese a que los aztecas se quedaron con un hombre menos desde el minuto 37, Costa Rica no lograría vulnerar su muy bien plantada zaga y el marcador no se movería en toda la noche; se esfumaría así la oportunidad de romper un invicto de diez partidos que sumaba México. Entre los hechos anecdóticos de aquel juego hay que señalar que el corte del zacate pretendió igualar la estética de los campos europeos con la maltrecha gramilla del Nacional, mas las franjas que apreciaban los espectadores, al presentar una diferencia de altura muy pronunciada entre unas y otras, finalmente se convirtieron en una ridícula trampa para los 22 actores, que continuamente estuvieron resbalándose; aquella fue una pésima idea de quienes organizaron el juego; “¡quisieron jugar de bachilleres y terminaron siendo de ‘kinder garden’!”, diría el narrador mexicano Enrique ‘Perro’ Bermúdez…

Hoy 26 de marzo de 2015 el rival no será México, sino Paraguay. La gramilla no será un desastre como en 1991, y más bien lucirá espléndida. Ya no veremos a Hermidio, ‘Il Capitano’, ‘la Iguana’, ‘el Chunche’, ‘el Machillo’, Guthrie, ‘Sarapiquí’ ni Jara, pero estarán Keylor, Duarte, Yeltsin, Celso, Bryan y Joel, y estaremos muchos de los que fuimos a La Sabana hace 24 años; una vez más la ‘Sele’, nuestra ‘Sele’, estará presente en el mejor de los homenajes, el de su propia gente.

*La fotografía corresponde a una captura de imagen de la hemeroteca de ‘La Nación’.

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