La Selección Nacional Masculina Absoluta contó ayer, viernes, con el delantero Ricardo Rivera, quien llegó anoche a Punta Cana desde España. Por Amanda Serrano.

La industria del fútbol de Puerto Rico no crece por miedo. Miedo a soñar en grande, miedo a perder control, miedo de intereses externos a que el fútbol reemplaze a otros deportes, en fín, miedos internalizados y miedos externalizados.

Según la Real Academia Española de la Lengua, la palabra miedo significa angustia por un riesgo o daño real o imaginario. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

El miedo paraliza la acción de aquellos que tienen las iniciativas para intentar algo diferente sea porque tienen miedo a confrontar a los fariseos que ejercen la administración federativa, o porque tienen miedo de enfrentarse a las autoridades gubernamentales, o porque tienen miedo de perder privilegios imaginarios y fugazes.

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Por ejemplo, la administración de la Federación Puertorriqueña de Fútbol tiene miedo de perder sus privilegios de viajes a competencias de la FIFA, y los sueldos que algunos de ellos cobran por lo que hacen, consciente o inconsciente, por lo que toman decisiones contrarios a los mejores intereses de sus asociados; e inclusive buscan dejar fuera a miembros. ¿Por qué? Porque mientras menos miembros hayan, más fácil es de controlar quien vota y quien no, y por lo tanto se perpetuan en el poder.

La ironía del lema Fútbol para Todos es que, para la administración federativa, todos se refiere solo a lo que están con ellos. Mientras que fútbol para todos debería significar apertura para todos y no expulsión porque critiquen, o porque no estén de acuerdo con X o Y idea del administrador de turno.

Cuando tienes administradores con miedo a perder sus privilegios, administradores que buscan silenciar todas las voces de aquellos que los critican, una administración federativa que ha violentado sus propios estatutos para buscar perpetuarse, entonces hay una dictadura, un monopolio.

La economista graduada de un PhD de la Universidad de Princeton y profesora universitaria del Instituto Tecnológico Autónomo de México, Denise Dresser, en una columna para la revista Expansión escribió lo siguiente sobre los monopolios: «Los mejores economistas del mundo entienden que ello se basa en la expansión rápida del conocimiento y la innovación; en nuevas formas de hacer las cosas y mejorarlas; en técnicas administrativas tanto en el sector público como en el sector privado que aumentan la productividad de manera constante. Saben que las economías dinámicas suelen ser aquellas capaces de promover la competencia y reducir las barreras de entrada a nuevos jugadores en el mercado. Entienden que es tarea del gobierno —a través de la regulación adecuada— crear un entorno en el cual las empresas se ven presionadas por sus competidores para innovar y reducir precios y pasar esos beneficios a los consumidores. Saben que si eso no ocurre, nadie tiene incentivos para innovar. En lugar de ser motores del crecimiento, las empresas protegidas y/o monopólicas terminan estrangulándolo como ocurre hoy con empresas como Telmex y Pemex.»

Es decir, el miedo que los federativos tienen a la competencia es parte del problema del crecimiento del mercado en Puerto Rico. La Federación le ha informado a los directivos de las ligas autónomas de Puerto Rico que no están registrando ligas como miembros. Pero a la misma vez, haciendo anuncios de que estarán lanzando torneos juveniles, bajo la sombrilla de la Liga Puerto Rico. Eso, en cualquier lugar, se llama monopolio.

Las federaciones exitosas del mercado global del fútbol son aquellas que han tomado su rol de servicio público de manera adecuada. Miremos como ejemplo a la Major League Soccer, a la Liga MX, La Liga BBVA, la Liga Premier, etc. Todas son ligas profesionales, que aunque afiliadas a sus respectivas federaciones, no son administradas por ellas.

Las federaciones exitosas son aquellas que ejercen un rol de fiscalizador y facilitador, y no aquellas que buscan impulsar el fútbol. En vez de trabajar de la mano con personas que buscan impulsar proyectos a diferentes niveles, trabajar para promover a la industria como un mercado propicio para la inversión, la Federación ha tomado medidas al contrario que limitan el crecimiento del mercado.

Y esto nos lleva al segundo punto de esta columna.

Los clubes tienen miedo a crecer. ¿Por qué? Porque crecer significa soltar las finquitas y potencialmente darle control de la organización a aquellos que tienen no solo la capacidad administrativa, sino que el capital de inversión para echar para adelante los proyectos.

Ningún inversionista en su sano juicio dará millones de dólares a personas que no tienen la experiencia para administrarlo.

Muchos de los que impulsan el fútbol de Puerto Rico y que son presidentes de clubes son técnicos de fútbol. Nada malo con eso. Pueden tener el conocimiento de fútbol pero muchos no tienen la capacidad para potenciar sus clubes a ser más allá de lo que en Sudamerica llaman clubes de barrio.

Los más exitosos han sido aquellos que tienen buenos vínculos gubernamentales, pero para llegar a los niveles de desarrollo que podamos convertir a Puerto Rico en un país exportador de talento para ligas profesionales se necesita mucho más dinero.

Como saben que no tienen la capacidad de potenciar los clubes y convertirlos en empresas que creen empleos y generen ganacias para seguir invirtiendo en ellos mismos, se recuestan de las migajas que puede darles la Federación.

Y por eso tienen miedo a hacerle frente a la Federación cuando toman decisiones incorrectas. Tienen miedo de perder sus finquitas y perder sus migajas. Mientras tanto, nuestros mejores talentos buscarán salir de la Isla para seguir su desarrollo sin ningún beneficio para el fútbol local.

Hay un tercer punto importante que es el miedo que otros mercados deportivos tienen a que el fútbol de Puerto Rico crezca. Pero ese punto es uno más largo y hay que hablar de eventos históricos y ya esta columna se ha sobre extendido. Mi próxima entrada, dialogaré sobre este punto en particular.

Concluyo con este refrán, cuando hay miedo, ni coraje da.

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