Lunes 27 de octubre de 2014

Esteban Guevara/FBNET

Mitos

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Continúan los buenos resultados del fútbol costarricense. A la histórica participación de la Selección Mayor en la Copa del Mundo Brasil 2014, se le suman el título de campeón del mismo combinado en la UNCAF de setiembre, las respectivas clasificaciones a cuartos de final de la Concachampions de LD Alajuelense, CS Herediano y el Deportivo Saprissa, así como el inédito boleto que obtuvo el representativo mayor femenino para el Mundial Canadá 2015, sin obviar las experiencias que están viviendo Keylor Navas y Joel Campbell en dos de los equipos de mayor renombre del planeta. Indudablemente, 2014 ha sido un gran año para nuestro balompié.

Hace apenas cinco años el panorama era muy diferente; sendas goleadas en San Pedro Sula y San Juan de Tibás ante Honduras y México iniciaron la debacle de la Tricolor en la eliminatoria hacia Sudáfrica 2010, que finalmente le privaría de poder clasificar al Mundial en el Continente Negro. Además, tanto el conjunto florense como el desaparecido Liberia Mía fueron vapuleados respectivamente por el Cruz Azul azteca y el Real España catracho, mientras que los morados se despidieron tempranamente en la fase de grupos del torneo regional de la CONCACAF. “Crisis de nuestro fútbol”, se consideró en repetidas ocasiones en aquel momento…

Entonces, la comparación de resultados de uno y otro año permite concluir que tal “crisis” terminó y el excelente presente que se vive en el país no es otra cosa más que “el ave fénix balompédico” de Costa Rica, que de las cenizas de tan trágico 2009 surgió para llenar de alegrías al país con este “mágico” panorama de nuestra actualidad… considerarán algunos. Pero no, estimado lector, ni existió una crisis en 2009, ni estamos experimentando magia en estos días, y en las siguientes líneas pretendo explicarlo desde un humilde punto de vista personal.

Primero que todo, valga señalar que en 2009 parte de la generación infantil femenina que un año antes había jugado por primera vez en un torneo mundial (Sub17 Nueva Zelanda 2008) se preparaba para clasificar en enero siguiente a la Copa del Mundo sub20 Alemania 2010; fueron parte de aquellos planteles Gabriela Guillén, Daniel Cruz, Fabiola Sánchez, Katherine Alvarado, Carolina Venegas y Raquel Rodríguez, todas ellas subcampeonas de la CONCACAF en el certamen eliminatorio finalizado ayer en Filadelfia.

También en 2009 la Selección Juvenil tica, dirigida por Ronald González, consiguió un extraordinario cuarto puesto en el Mundial de la categoría disputado en Egipto; aquel sitial nacional es el más alto en la historia del fútbol costarricense… nada mal para un balompié que se hallaba en plena crisis, ¿cierto?

Este deporte que tanto nos entretiene lamentablemente no es permeable a las pasiones de sus seguidores y de sus comunicadores; de tal forma, el que la Sele pierda tres juegos en fila será el detonante para que la prensa complete páginas en diarios y cope radio y televisión con charlas “técnicas” (que muchas veces presentan los mismos conceptos técnico-tácticos que se puede encontrar en cualquier amistosa conversación en un bar) que terminen por recrear con suma preocupación lo mal que anda el fútbol nacional, y que incluso se inventen una crisis que supuestamente se arrastra desde muchos años atrás… todo sea para tener de qué hablar, y por ende, qué vender. ¡Cuántos procesos y directores técnicos capacitados han debido quedarse en el camino por culpa de tan impulsivas manifestaciones del fanatismo deportivo!

El fútbol es una actividad en la que existen tres posibilidades de desenlaces: se gana, se empata o se pierde. De tal modo, si en un torneo aparecen las derrotas en un equipo, este deberá trabajar para mejorar, no hay fórmulas mágicas ni intervención divina; mentira que “la Virgencita nos ayudó esta vez”, ¿de ser así entonces será que la Patrona considerará más simpáticos a los equipos ticos que a los mexicanos?

Capacidad y trabajo son la clave. El primer aspecto siempre ha existido en nuestro país; de hecho, ignoro si el amigo lector se enteró, pero durante Brasil 2014 hubo entrevistas a exjugadores brasileños en las que hablaron muy bien sobre nuestro balompié; uno de ellos, Nené, exfutbolista del Santos y quien había visitado Costa Rica con el histórico cuadro amazónico de Pelé, afirmó que lo realizado por el conjunto de Jorge Luis Pinto no fue sorpresivo puesto que él y sus excompañeros ya sabían lo que puede brindar en el campo el jugador tico. Similares consideraciones compartieron en el pasado los miembros de equipos uruguayos, argentinos y de varias nacionalidades de Europa, que también se presentaron en nuestro país en aquellas giras de antaño que tanto cautivaron al aficionado nacional. Pero como es habitual en “el país más feliz del mundo”, los ticos somos los últimos en enterarnos de nuestras capacidades (en cualquier campo, no solo en el deportivo)…

En cuanto a trabajo, históricamente se reconoce la década del 80 como la propiciadora de un cambio en la forma de encarar la práctica del fútbol nacional. Sucedió en aquellos años que influencias extranjeras (especialmente los conocimientos de algunos técnicos checoslovacos que arribaron al país) por un lado empezaron a complementar el mencionado talento tico con la inducción de la preparación física y un mayor énfasis en cuanto a aspectos tácticos, y por otro lado, presionaron para que se empezara a idear una profesionalización de nuestro balompié, que con “futbolistas de medio tiempo” se estaba estancando en el escenario mundial. ¿El resultado? Costa Rica clasificó a sus dos primeras Olimpiadas, el primer Mundial Infantil, el primero Juvenil y se obtuvo el pase a Italia 90. En concordancia con el avance consecuente y lógico, tres décadas después nos encontramos en lo más alto del área, y siendo considerados por ‘el Planeta Fútbol’ como “el sabor del mes”, la muy buena Selección que ganó ‘el Grupo de la Muerte’ y se retiró invicta de Brasil, y que clasifica a sus combinados menores y femeninos a la mayoría de Mundiales en disputa. Reitero, estimado lector, lo que estamos viviendo los ticos se llama ‘avance’, y lo ha permitido el trabajo y la capacidad que brinda el talento futbolístico que existe en esta nación.

Finalmente, y sin pecar de optimista en exceso, no es descabellado pensar que dentro de treinta años el fútbol nacional pueda llegar a posicionarse aun más alto; en Salvador de Bahía estuvimos muy cerca de colarnos a las semifinales de la Copa del Mundo, ¿qué podemos esperar para la década del 2040? Ya veremos…

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