Lunes 27 de enero de 2014

Esteban Guevara/FBNET

Catalunya

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-Señores de la prensa, televidentes en casa, estimado lector, público en general, bienvenidos al último debate para elegir al próximo presidente de la Federación Costarricense de Fútbol. Hoy nos acompañan los tres candidatos que según las encuestas (las manipuladas y las honestas) han contado con el mayor apoyo en la intención de voto. En primer lugar les presentamos a…  (el moderador duda unos segundos pues no reconoce al primer candidato) –¡Ah, sí, es don Pony! Es que como como hace mucho tiempo que no se presentaba a ningún debate…  -El siguiente candidato es Don Otro… y el tercero es Don Chemo. Por favor, ¡un aplauso para los tres! –Como sabrán ustedes, un cuarto candidato, Don EtAl, si bien expuso interesantes consideraciones y muy útiles propuestas durante la campaña, ha decidido hacerse a un lado debido a las pocas posibilidades que le brindan las encuestas.

-Así, pues, el debate de hoy, el último de cara a la elección del Directorio de la Fedefútbol, tratará el tema de la desigualdad entre los doce equipos que componen nuestra Primera División, razón por la cual año tras año siempre terminan imponiéndose los mismos tres equipos grandes de siempre, es decir, los económicamente poderosos de nuestro medio.

-La primera pregunta (que deberá ser respondida por cada uno de los contendientes) es la siguiente: Como una posible solución para tratar el tema en cuestión, ¿cuál es su opinión en cuanto a la posibilidad de volver a aplicar la regla de utilizar futbolistas sub21 que al final del torneo acumulen un total de 1440 minutos de acción? A ver, don Pony, ¿cuál es su opinión?

DP –Bueno, me parece muy buena idea, ya anteriormente la aplicó la gente de mi bancada, de hecho es un logro ejemplar nuestro del cual me siento profundamente orgulloso, como de tantísimos otros más. Por eso le pido al votante que me contrate para llevar a cabo esa propuesta que asegurará una mayor competencia en el siempre excelente fútbol nacional; asimismo, aprovecho para solicitarle encarecidamente que no se vaya a los extremos porque habrá algunos otros candidatos que se van a oponer o quién sabe qué cosas terribles van a proponer, entonces téngale mucho miedo a toda opción que sea diferente de lo conocido y aceptado…

-Muy bien, ahora sigue don Otro contestando. ¡Adelante, don Otro!

DO –Sí, la idea de los 1440 minutos es buena, pero para alcanzar la excelencia debemos ir más allá. Aparte de esa cantidad hay que exigir además que los jóvenes sub21 sean seleccionados menores. Así nos aseguraremos de contar con lo mejor de lo mejor en la Primera División de un fútbol que va de mal en peor. Es urgente cambiarle la cara al deporte número uno de los ticos, para que todos recuperemos el orgullo de ser costarricense ahora que vamos para el Mundial en junio próximo. De las palabras que acaba de exponer don Pony, responsable del mal manejo de nuestro balompié, únicamente concuerdo en el hecho de que el votante vive un inminente peligro si se decide por una opción que sea contraria a lo que nosotros ofrecemos…

-De acuerdo, tiene su turno don Chemo. ¡Adelante con su respuesta, por favor!

DC –Algo que no han valorado mis oponentes –lo cual no me extraña- es que para clubes como Carmelita, Belén, Puntarenas, Limón, muchas veces con graves problemas económicos, y consecuentemente con la soga del descenso en el cuello, es difícil poner a jugar a muchachos que aunque tienen condiciones, no están listos para manejar una presión enorme como esa; Saprissa, Alajuelense, Herediano y Cartaginés, en cambio, sí cuentan en su planilla con noveles futbolistas que han pasado por distintos procesos de selecciones menores, giras al extranjero, salarios al día, etc, que los faculta para mostrarse cómodamente en la máxima división; por lo tanto lo justo sería que esos equipos grandes cumplan la totalidad de los minutos, mientras que los más débiles solo deban cumplir una parte de ese tiempo; así absolutamente todos los equipos estarán incentivando, dentro de sus posibilidades reales, a sus jóvenes jugadores, lo cual va a beneficiar sobre todo al futuro de nuestro balompié.

-Muy bien, así concluye la primera etapa de nuestro debate. A continuación procederemos a leer las preguntas que han formulado los presidentes de los clubes. La primera de ellas, para don Pony, es la siguiente: ¿Cómo puede garantizar usted que su gestión no incurrirá en los mismos gravísimos yerros que ha acumulado el actual presidente, don Eduardo Sí, (entre ellos la casi cancelación del Mundial Infantil Femenino, la ineficacia para efectuar una correcta apelación al “partido-nevada” de Denver, las circunstancias “extrañas” de la venta online de entradas para el partido de la Tricolor ante EEUU, etc)? ¿Cómo puede garantizarle al país, don Pony, usted que ni siquiera sabía cuánto valía una entrada de Sol, que no va a caer en el nefasto continuismo siendo usted de la misma bancada que el Sr Sí?

DP –Jmmmm… este…  ¡pero con mi gente clasificamos al Mundial! ¡Sí, yo lo viví porque estuve con los muchachos allá en Jamaica! (Y los gritos de sus seguidores celebrando tal hecho provocaron un incontenible júbilo en la concurrida sala).

-¡Gracias, don Pony! La pregunta para don Otro es esta: Según ha manifestado en anteriores ocasiones, en su concepto el campeonato nacional debería convertirse en una simple cuadrangular entre los principales equipos que cuentan con el poderío económico. ¿No considera injusto que los cerca de 200 futbolistas de los demás equipos deban terminar jugando en la segunda división, con salarios ínfimos?

DO –Si lo que hay que hacer para asegurar la excelencia de nuestro fútbol es quedarnos con solamente cuatro clubes, ¡pues que así sea! Lo siento mucho por esos pobres futbolistas, pero si sus clubes no cuentan con la infraestructura económica requerida deben marcharse y jugar mejengas en La Sabana. En Primera División deben quedarse solo los que le ofrezcan las mejores condiciones al país, considerar algo diferente, a mi juicio, sería inmoral…

-¡Gracias, don Otro! Y la última pregunta, dirigida a don Chemo, es: ¿No teme que con su ideología la Fedefútbol se convierta en una casa del horror como lo es el caso de otras federaciones extranjeras (por ejemplo la mexicana)?

DC –México cuenta con una infraestructura de 600 millones de dólares, una liga con 18 equipos y estadios de primer orden; como la situación azteca es tan privilegiada (dado a que entre muchas otras cosas posee petróleo), presenta condiciones muy diferentes a las que existen en nuestro país. El hecho de que ellos y nosotros practiquemos un estilo de juego similar -dentro del istmo centroamericano somos los ticos los que más nos les parecemos, según la opinión del área- no significa que la Fedefútbol vaya a convertirse en la casa de miedo que es la FMF. Nosotros, lejos de excluir de tajo a ocho equipos, o de continuar permitiendo que se siga acrecentando la distancia entre los llamados equipos chicos y los grandes, procuraremos una mayor igualdad entre las doce instituciones de nuestra Primera División, por lo cual terminar con la mal llamada “ventaja deportiva” (que más bien le da una ventaja excesiva a los equipos poderosos, los que regularmente la pueden aprovechar pues terminan en las posiciones más altas de la tabla; como si no fuera suficiente –y de hecho siempre ha sido suficiente- cerrar las series en casa) es una muy buena alternativa para empezar a lograrlo. Valga señalar, a propósito, que esa ilógica práctica de la “ventaja deportiva” que atenta contra los principios de competencia en igualdad de condiciones, de hecho, ¡la copiaron de los mexicanos los mismos directivos nacionales de siempre!

-¡Muchas gracias, don Chemo! Muy bien, así concluye el último debate por la presidencia de la Federación. Seguidamente los invitamos al análisis final…

Estimado lector, deseo preguntarle a usted, aficionado al equipo que guste, ¿le parece maligna y perversa la posición del ficticio personaje de don Chemo? ¿Lo considera un caso de injerencia del comunismo en el fútbol? Permítame orientarlo un poco: no, comunismo sería obligar a los cuatro clubes grandes a desprenderse de sus ingresos, instalaciones deportivas y jugadores para distribuirlos entre los demás equipos –lo cual jamás apoyaría el autor de estas líneas-; lo que promueve Don Chemo se llama socialismo y consiste en respetar las posesiones de cada equipo, pero que a la hora de competir se procure una igualdad de oportunidades para lo cual se le ayude a los cuadros más débiles (lo que en el campo de la economía se conoce como facilitar subsidios).

Espero que esta analogía futbolera de un tema trascendental por lo menos lo haya hecho pensar un poco; si lamentablemente el amigo lector ha sido criado toda su vida en un ambiente conformista en el que a través de los años ha ido aceptando la desafortunada idea de no merecer los mismos derechos que los demás, entonces es perfectamente entendible que ahora esté en desacuerdo con esta visión y, ojalá no, que ni siquiera la haya terminado de leer; confío en que en cualquier caso, por lo menos este artificioso debate lo haya entretenido –lo cual al final de cuentas no es perjudicial-. Del mismo modo espero –no puedo dejar pasar la ocasión para señalarlo- que quien objete estas líneas no sea ningún seguidor del Barcelona que aprovecha cada triunfo culé para enaltecer al equipo y a la comunidad de Catalunya (y que lo hace mediante apelación al muy famoso ¡Visca Barça!), sin saber la tendencia izquierdista del movimiento catalán, luchador incansable por la igualdad social que históricamente no le ha concedido la monarquía española; hacerlo sería algo tan incongruente como aquel opositor a la lucha de clases que al morir Mandela posteó fotos del gran Madiba con el puño al aire…

Prometo que en la próxima columna no hallará un tema tabú que provoque tanto temor como el expuesto aquí; por lo tanto no creo que después de hoy se desate una fuga de lectores ni una satanización del autor. Al comediante Hernán Jiménez no le importó hacer pública su preferencia política: “Sería bastante hipócrita esconderlo solo por vender algunas entradas más,” (1) opinó acertadamente. Además, en un país en el que tenemos la libertad de escoger uno u otro equipo o color político (tenemos amigos morados, manudos, florenses, cartuchos, pericos, mariachis, frenteamplistas, etc, y vacilamos con todos sin ningún problema) no considero que ni al comediante ni a este servidor nos vayan a desterrar de sus preferencias solo por hacerlo público (nadie esconde si es saprissista o liguista, ¿cierto?). Como le ha constado al lector desde que empecé a hacer uso de este medio, la investigación profunda siempre ha caracterizado las líneas de la presente columna para no engañar a nadie, a diferencia de muchos colegas periodistas maniatados por sus patronos al servicio del Gobierno… A mí, gracias a Dios, la educación universitaria me ha preparado para conocer modelos políticos contrarios al de la gran nación norteamericana, entonces puedo afirmar que el próximo 2 de febrero iré a emitir mi voto sin miedo alguno.

Finalmente, a diferencia de la elección del Directorio de la Fedefútbol, en la que los presidentes de los clubes han sido los únicos responsables de elegir dirigentes tan perjudiciales para nuestro balompié (pues de por medio se mueven muchos intereses de todo tipo), en las votaciones del próximo domingo usted sí puede decidir el destino de su país en un tema de mayor importancia, por lo tanto lo insto a ir a votar, a ejercer ese derecho por el que mucha gente muere actualmente en otras latitudes; así como se levanta temprano un domingo para ir al estadio y desembolsa una cantidad considerable de dinero, el domingo entrante solo deberá costear los pases –o puede que ni siquiera eso si la junta receptora se encuentra muy cerca de su residencia – y estará cumpliendo con su deber, sus hijos y el recuerdo de sus ancestros se lo agradecerán.

A instantes de que se cumpla el minuto 90, usted tiene el balón en su posesión, de usted depende si por fin le mete el mejor gol a la corrupción que socava al equipo de todos los costarricenses: nuestro país.

 

 

(1) Las palabras de Hernán Jiménez fueron tomadas de crhoy.com, 21 de octubre de 2013.

La imagen fue tomada de El Mundo de España.

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