Lunes 24 de marzo de 2014

Esteban Guevara/FBNET

REPROBAMOS

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Concluida la inédita participación como local de la selección sub17 femenina de Costa Rica en el Campeonato Mundial de la categoría, y ya con la calma que brindan los días posteriores a su último encuentro mundialista, procedo a dedicar estas líneas a referirme al análisis más objetivo posible que se pueda realizar al respecto. De antemano puedo asegurar que en esta columna sí prevalecerá el grado de criticidad del que lamentablemente carece la mayoría de los medios de comunicación nacionales, más preocupados en promocionarse ellos mismos que en velar porque nuestro balompié prospere.

De tal forma, decidí dividir mis consideraciones en seis aspectos generales que a continuación voy a tratar, y en los cuales confío contar con el más honesto sentido de autocrítica de que pueda disponer el estimado lector. Para ello, aclaro que en ningún momento se debe tan siquiera considerar ‘crucificar’ a las jugadoras que tomaron parte en la competición de la FIFA que actualmente se realiza en el país, pues tal como se explicará seguidamente, ellas son las menos culpables del fracaso deportivo consumado el sábado en San Juan de Tibás.

El equipo. Individualmente la Selección contó con el valioso aporte de dos figuras que sobresalieron, y que casualmente comparten el apellido Villalobos sin tener lazos familiares entre ellas; Gloriana y Fabiola, las futbolistas número 10 y 14, respectivamente, fueron sin duda el punto alto del equipo. La rubia y capitana nacional hizo olvidar su condición de cumiche de su divisa y con excelentes condiciones técnicas y una privilegiada visión de juego se echó al público a la bolsa; “Se me parece a Wílmer López y tiene cosas cerebrales del Pibe Valderrama, improvisa muy bien con el balón”, (1) afirmó con suma admiración el técnico de la Mayor, Jorge Luis Pinto.

Fabiola, por su parte, exhibió seguridad defensiva, rapidez en las coberturas y fuerza aun cuando se sumó al ataque, condición esta última nada extraña en ella pues es habitual delantera del equipo Arenal de Coronado, y en este Mundial fue improvisada como zaguera y no demeritó. Una beca en la Academia Montverde de Orlando, Florida, espera por ella a partir de agosto próximo. Al igual que Gloriana, parece que ambas futbolistas han empezado a forjar su futuro gracias a las privilegiadas condiciones futbolísticas que poseen.

En el resto de las seleccionadas, hay que ser claros, si bien unas cuatro o cinco brindaron un rendimiento irregular que incluso podría ni siquiera alcanzar el adjetivo de aceptable (Emilie Valenciano, Yuliana Salas, María Paula Elizondo, Indira González, María Laura Araya…), el resto no tenía la calidad para enfrentar un certamen de tal envergadura como este. Colectivamente a la Tricolor le costó un mundo evitar quedar descuidada en la zaga, la transición del medio campo al ataque, y no caer en fuera de juego en repetidas ocasiones; incluso se falló mucho a la hora de hacer un simple pase sin existir presión del rival. El aspecto que todos coincidimos prevaleció en ellas fue la garra y la entrega para disputar cualquier balón, sin embargo, amigo lector, ¿no cree usted que en una Copa Mundial esa característica la esperaría uno de absolutamente todas las selecciones participantes, conscientes de que están representando a su país en el más sublime torneo futbolístico?

Por otro lado, mucho se ha hablado de la poca preparación que se les destinó. Este punto es relativo; comparado con las facilidades de que dispone el conjunto de Pinto sí, pero comparado con anteriores selecciones menores (masculinas y femeninas) no;  me refiero a representaciones que jamás llegaron a conocer el Proyecto Gol, que entrenaban en la cancha anexa del viejo Estadio Nacional, y que cuando tenían suerte les era prestado ese escenario en el que en verano el esférico rebotaba tanto como ver un conejo saltando en aquella maltrecha gramilla que poseía la otrora Tacita de Plata de La Sabana. Sobre la reducida cuota de fogueos internacionales (treinta), pues la misma situación; recuerdo la sub20 de Carlos Watson que sin un solo fogueo de tal tipo viajó a Trinidad y Tobago y regresó con el boleto para el Mundial Nigeria 99. Otro ejemplo, la selección femenina (con Didier el Zorro Castro y Karla Alemán en el banquillo) que en similares condiciones se trajo la presea de bronce ese mismo año de los Panamericanos en Winnipeg, Canadá.

Otro ‘justificante’ ha sido la afirmación en el sentido de que el balompié femenino está dando sus primeros pasos, una sentencia completamente errónea dado que desde hace más de sesenta años se juega en Costa Rica, y en cuanto a premundiales sumamos más de dos décadas compitiendo. En estos días han querido vendernos la idea de que nuestra representación infantil de mujeres incursionó en un torneo internacional de escuelitas de fútbol, y no en un Campeonato Mundial, en una actitud que si bien ha sido históricamente común en el costarricense, no deja de ser reprochable.

La penúltima posición en el torneo (con cero puntos, al igual que el último puesto) quedará en los anales como una triste primera aparición mundialista de Costa Rica como local. Sin embargo, en defensa de las seleccionadas rescato la opinión que siempre externaba Hernán Medford cuando se enfrascaba en acaloradas discusiones con la prensa deportiva nacional; señalaba el Pelícano que ningún jugador de fútbol ingresa a un campo a hacer el ridículo adrede; por ello afirmé al inicio que las jugadoras infantiles son las menos culpables, pues ingresaron a dar lo mejor que podían brindarle al país…

El cuerpo técnico. 20 meses de trabajar con esta selección, en cuenta un proceso de reclutamiento que supuestamente evaluó a cerca de 600 futbolistas de todo el país, y el resultado final es un equipo que nunca funcionó como conjunto; es más, imagino que no fui la única persona que notó problemas a la hora de ejecutar un tiro libre indirecto, pues lucía mal la jugada planeada y casi siempre terminaba mal ejecutada. Con respecto a la escogencia de la lista definitiva con la que el director técnico Juan Diego Quesada asumió el torneo, llama poderosamente la atención la ausencia de jugadoras de raza negra; tampoco hubo indígenas, las cuales son invitadas una vez al año al Estadio Nacional en una actividad con la prensa en la que muchachas oriundas de zonas aborígenes demuestran que muchas de ellas tienen condiciones de sobra. No sé, en mi opinión me cuesta aceptar que de esas 600 figuras vistas no haya habido ninguna limonense, talamanqueña o de otras regiones del país, que haya logrado impresionar a Quesada y sus colaboradores. En cambio sí hubo en la Sele algunas estudiantes de colegios privados, lo cual resulta muy curioso, ¿no? Seguramente en los próximos días aparecerán casos de jóvenes futbolistas que podían haber reforzado a la Tricolor, pero jamás recibieron una oportunidad de tan siquiera ser observadas; incluso me imagino que cerca de nuestro barrio debe de haber alguna por allí o alguien que conozca el caso de otras ‘Glorianas’…

Otro de los ‘espejitos’ que nos han querido meter a los costarricenses corresponde al “proceso” que se supone está experimentando el equipo. Sí, un “proceso” que pretendió aprovechar este Mundial para foguear a las muchachas como si se tratara de una cuadrangular amistosa contra universidades estadounidenses. En mis años de seguir el fútbol jamás había escuchado que una participación mundialista se tomara como un proceso de aprendizaje. Considerarlo así es como ir a realizar el examen de bachillerato de la educación secundaria con la indiferencia de si se aprueba o no, pues de antemano se planea repetirlo más adelante…

“Tengo cuatro mundiales, más que cualquier persona en este país”, (2) se defendió hace tres días Quesada ante los justificados cuestionamientos que ha recibido. Bien, de esas cuatro presencias mundialistas (dos en femenino y dos en masculino), tres veces ocupó la última posición de su grupo; en la única que no desentonó y logró avanzar por encima de Irán, Paraguay y Malí, fue en 2001 con Cristian Bolaños, Randall Azofeifa, Gabriel Badilla y Armando Alonso a sus órdenes, mas hay que señalar que cuatro meses antes en Honduras estuvo a segundos de no clasificar pues un gol del Caya al minuto 90 contra Haití aseguró con exceso de angustia el respectivo pase. El estratega nacional ha trabajado para la Fedefútbol desde hace 14 años, siendo removido y recontratado una vez tras otra; así que con él aplica la crítica que hace unos días le profirió Tomás Boy al entrenador azteca Miguel Herrera: “Es tan ingenuo que cree que por capacidad está en esa silla.” (3)

La Federación. El ente federativo que estuvo a punto de perder la sede de este Mundial (tuvo que llegar la presidenta de la República, Laura Chinchilla, a rescatarlo… ¿puede imaginarse algo más irónico que eso?), la misma entidad cuyos miembros -yéndonos aún más atrás en el tiempo- criticaron e incluso se burlaron de la dirigente Yolanda Camacho por ‘osar’ proponer la organización de una Copa del Mundo en Costa Rica (setiembre de 2010), es justamente la Federación responsable de haber designado al Señor Quesada Samuels al frente del banquillo tricolor. Es la principal culpable, sin embargo hoy, tal dictador en régimen totalitario, contempla inmune desde sus cómodos sitiales cómo su subalterno recibe todos los ataques del país, para finalmente “castigarlo” por su negligencia con la destitución; entonces, desde el momento en que se oficialice tal medida empezarán las apuestas sobre el tiempo que el timonel permanecerá desvinculado de la Fedefútbol antes de volver a ser reubicado en algún puesto por Eduardo Li y sus secuaces… Yo que no deseo quedarme fuera del juego de azar, lanzo mi pronóstico: un par de años.

diez y catorce

La prensa. Como de costumbre, la prensa tica lució mal. Los encargados de exigirle al equipo patrio se deshicieron en loas cuando era poco lo elogiable; prueba de ello es que transcurridos los dos primeros juegos ya habían creado y asignado la etiqueta de heroínas a las jugadoras de un equipo que hasta ese momento había podido efectuar tan solo dos  remates directos a marco. “Cuando sea grande quiero ser como ustedes”, (4) tituló su texto el comunicador de Teletica, Javier Zúñiga, tras el 0-1 contra Italia. Bueno, como yo no deseo sumarme a la mediocridad que pulula en el medio, debo ripostar: “Cuando sea grande no quiero ser como ese periodista”…

A propósito del Canal de La Sabana, llamó la atención la primera transmisión televisiva en la que el país ‘descubrió’ a Gloriana Villalobos. “No es lo mismo escuchar referencias que verla con los propios ojos”, (5) reconoció Luis Bolaños en una de sus intervenciones. Significa tal afirmación que los comunicadores de una de las principales empresas noticiosas del país no pudieron dedicar un par de horas para seguir una práctica de la representación nacional, ni siquiera los motivó a hacerlo el hecho de que la FIFA le dedicara un reportaje a la futbolista del Deportivo Saprissa. Confirman mi señalamiento las bromas que dedicaron cuando alguien le avisó al staff que la 10 tiene un hermano gemelo; “Definitivamente esta sacó el talento…” (6) expresó Everardo Herrera; instantes más tarde les añadieron que el joven también actúa en las ligas menores del cuadro morado. Mi punto es que aquellos profesionales no sabían nada de Gloriana, ni de su familia, ni de su vida; ni siquiera por tratarse de una Copa Mundial prepararon su trabajo, y con ‘fiscales’ así, estimado lector, es muy difícil esperar obtener éxitos en nuestro fútbol.

La justificación innecesaria estuvo a la orden del día, incluso rayó el ridículo, como quedó de manifiesto cuando Jorge Martínez afirmó que el horror de la guardameta costarricense en el segundo tanto de Zambia se pudo haber debido a cierta presión de una delantera africana. Consideraciones de ese tipo resultan más desafortunadas que el enorme yerro de la cancerbera, ¡por mucho! En canal 7 solo Kristian Mora mantuvo una posición más profesional al cuestionar el bajo nivel que exhibió la Selección, por lo menos el narrador ramonense no temió ser una luz entre tanta oscuridad, y eso, a mi criterio, es digno de alabar.

Un punto que se torna necesario comentar corresponde a la insistencia con que ese y otros medios de prensa se dedicaron a contrastar el fútbol femenino con el masculino. Hacerlo no fue un error en sí, pero señalar ciertas diferencias que en realidad solo existen en el inconsciente de una sociedad machista sí lo fue; por ejemplo el llanto de las seleccionadas tras caer ante Venezuela, y cómo lo aprobaron e incluso lo “explicaron”. “¡Lo más molesto de eso es ver cómo los periodistas deportivos señalan que eso sucede porque el fútbol femenino es más emotivo! Claro, las mujeres lloran y los hombres maldicen seguramente; eso es insultante para mí como mujer y no quiero saber cuánto lo será para ellas como jugadoras por ser reducido su comportamiento a algo ‘normal’ para su género”, (7) opinó la psicóloga Irene Chacón.

Para finalizar este apartado, causa frustración que si bien todos los profesionales del periodismo costarricense han sido severos con Juan Diego Quesada, prácticamente ninguno (o quizás muy pocos) lo han sido con los verdaderos responsables de esta debacle futbolística: los federativos. Para nadie es un secreto la relación comercial entre prensa y Fedefútbol por concepto de transmisiones; asimismo, en otros sectores del medio, ávidos de obtener boletos gratis para Brasil 2014, incluso juegan con su propia dignidad para lograr su cometido, como el Círculo de Periodistas y Locutores Deportivos, que decidió ‘olvidar’ la ineptitud del jerarca Eduardo Li durante los hechos de la nevada de Denver en marzo anterior (además de un cúmulo de errores más), y lo condecoró en enero como “Dirigente más distinguido”. A este servidor no se le ocurre un ejemplo más bajo de servilismo hacia la Federación por parte de nuestros comunicadores…

La afición. Contemplado en dos partes el papel de los aficionados, hay que asignarles un 100 en apoyo; así es como se debe encarar una Copa Mundial en casa, con presencia en las gradas aun cuando se haya materializado la eliminación tricolor, como ocurrió en el último enfrentamiento del sábado en el Estadio Ricardo Saprissa. Empero, la calificación correspondiente al nivel de criticidad objetiva y no pasional de la actuación tricolor es baja, reprobó en ese sentido el espectador tico, que sin embargo no es del todo culpable, puesto que como se acaba de señalar, la prensa una vez más jugó su papel confundiendo y apelando a anodinos análisis que propiciaron que se extendiera “la ley del pobrecito” a la hora de evaluar el rendimiento nacional.

En los seguidores influyó mucho la incapacidad de asimilación de una experiencia novedosa como lo fue ser partícipe de una Copa del Mundo. Incluso hubo mucha gente que en redes sociales externó maravillas sobre nuestras seleccionadas, pese a que era la primera vez en su vida que observaba en vivo un partido de fútbol femenino. Religiosamente creyó positivo enaltecer un equipo que acumulaba más errores que aciertos, y valga literalmente el término “religiosamente”, puesto que consideró que había que hacerlo solo porque sí y sin detenerse a pensar ni un instante…

Así como se mencionó unas líneas atrás en el caso de la prensa, el machismo también salió a flote con los aficionados, muchos de los cuales hace un tiempo no escatimaron ocasión de tildar de ‘cobarde’ y ‘llorón’ -por no reproducir epítetos más fuertes pero más empleados- a Douglas Sequeira por llorar tras quedar eliminada su escuadra saprissista, pero que en estos días consideraron ‘dignas’ a nuestras jugadoras sub17 por derramar lágrimas en cada una de las derrotas que sufrieron en el presente torneo mundialista. Habrá que esperar qué trato le aguarda a la Selección Mayor si en junio regresa del mundial brasileño con un fardo de caídas en el grupo de la muerte…

Consideraciones finales. Una situación muy curiosa corresponde al ‘estilo de vida’ -por llamarle de algún modo- en el que se desenvolvió la mayoría de las jugadoras de la sub17. Su rutina diaria durante el último año consistió en entrenar muy temprano, posteriormente se dirigían al Liceo de San Rafael de Alajuela –donde fueron asignadas varias de ellas- a cumplir con sus obligaciones académicas, para finalmente descansar en sus respectivos hogares; y las oriundas de zonas alejadas residían en una misma vivienda donde eran atendidas por las madres de algunas de las jugadoras, que se turnaban cada cierto tiempo. Así, aquellas muchachas fueron consolidando una camaradería y un cariño como si se tratara de una familia –según reconocieron varias en las entrevistas- que con el paso del tiempo inconscientemente fue transformando la sana competencia por un puesto, en un cómodo ambiente de relajamiento y confort, lo que explica que con la aparición de los primeros obstáculos (los goles venezolanos) desencadenara el llanto, en instancias en las que no cabe una reacción de tal índole; es decir, los atletas suelen expresar respuestas emocionales de ese tipo cuando pierden una final o cuando se concreta su eliminación, no en el primer partido de su respectiva competición.

Orlando Muñoz, psicólogo deportivo, se refirió a este punto: “Es evidente que hubo un error en la preparación y un consecuente mal manejo psicológico. Las muchachas no se dieron cuenta nunca que estaban en un Campeonato Mundial, y quién sabe si se vayan a dar cuenta dentro de un año o más… Lo peor es que muchas perdieron la oportunidad de asegurarse un mejor futuro puesto que no es seguro que todas ellas continúen siendo tomadas en cuenta para las siguientes selecciones nacionales.” Asimismo, acerca del hecho de aparecer en un vídeo las jugadoras cantando y bailando en el bus de la Selección posterior a una de las derrotas, Muñoz acotó: “Ahí también se ejemplifica de forma muy clara la mala dirección que hubo sobre ellas, sea del cuerpo técnico, el encargado de relaciones públicas, el motivador, o quien sea. Faltó mano dura y hacerles ver que si lloraron horas antes, que valieran de algo esas lágrimas; usarlas de motivación con coraje, no con reggaetón.” (8)

Finalizo mi análisis con un tema algo delicado. Así como a mí, supongo que al lector le habrá llamado la atención el hecho de que aunque en las otras selecciones que incursionaron en el torneo había jugadoras con pelo corto y rasgos varoniles (que en anteriores competiciones han causado polémica e incluso acusaciones formales de utilizar hombres en estos equipos), nuestro combinado nacional carecía de futbolistas así. Pues bien, como el nuestro es un país pequeño en el que cualquier comentario –fundado o no- se extiende rápidamente por doquier, ya ha empezado a circular el rumor de que en la escogencia de las seleccionadas siempre prevaleció una muy marcada y retrógrada homofobia tanto en el cuerpo técnico como en la propia dirigencia; de hecho el profesor Quesada reconoció en una entrevista hace meses que él les ha prohibido a sus dirigidas expresarse entre ellas con la palabra mae

No quisiéramos creer que pueda ser cierto un hecho como ese, dado que en el pasado y en el presente del balompié femenino costarricense ha habido casos de futbolistas lesbianas que han dejado el país en lo más alto con sus extraordinarias actuaciones tanto en campos nacionales como del extranjero. En tiempos como los actuales, en los que cualquier tipo de discriminación es completamente inaceptable, y tratándose de un evento como el Campeonato Mundial que fue creado para unir y no lo contrario, de confirmarse una acusación así sería merecedora de la más exhaustiva investigación y consecuente sanción a los responsables, ¿mas a quién vamos a engañar? en el hipotético caso de que haya existido elementos prejuiciosos a la hora de aceptar quién se envestía de blanco, azul y rojo, probablemente el asunto sería tan bien encubierto y maquillado por el grueso de una prensa deportiva que poco le falta por servirle de alfombra a la Fedefútbol… Todo esto parece un déjà vu con lo visto a finales del año anterior y principios del presente en la campaña electoral… De tal forma, parece que estaremos condenados a continuar lamentando fracasos deportivos por largo tiempo.

Citas textuales:

(1) Al Día. 18 de marzo de 2014

(2) crhoy.com. 21 de marzo de 2014

(3) Fox Sports. 4 de marzo de 2014

(4) teletica.com. 20 de marzo de 2014

(5 y 6) Transmisión de Costa Rica-Venezuela por Teletica Deportes. 15 de marzo de 2014

(7 y 8) Entrevista personal. 19 de marzo de 2014

*Las imágenes fueron tomadas de La Nación y Al Día.

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