Roberto Morig con su hija, la actriz, Karla monroig. Extraida Twitter Karla Monroig.

El fútbol de Puerto Rico necesita que regrese la figura del Dr. Roberto Monroig a dirigir los destinos del fútbol de Puerto Rico. No pretendo que hagamos como la Bruja Escarlata en el programa WandaVision y resucitemos a Monroig, pero si me refiero a que nuestro fútbol necesita que regresemos a esos tiempos entre 1974 y 1982 cuando el fútbol crecía, y los federativos trabajaban por el bien de todos y no de sus pecunios o de sus intereses particulares.

En aquella época Puerto Rico fue sede de la primera eliminatoria mundialista Sub20, se trajo a Pelé, habían técnicos de la Selección Nacional que habían disputado mundiales a la cabeza, como el haitiano Antoine Tassy, y un presidente federativo que nunca tenía un no para proyectos que aportaran al fútbol; aun si no le beneficiaban a el directamente.

Monroig siendo partidario del Partido Popular Democrático, supo trabajar con Hernández Colón y con Romero Barceló. Le costó amistades importantes como Germán Rieckehoff Sampayo, todo por defender el fútbol. Su amistad con el presidente de la FIFA, Joao Havelange, la supo usar para el beneficio del fútbol de Puerto Rico, principalmente, pero a su vez le llevó a ser el único miembro del Caribe en la Comisión Médica de la FIFA en las décadas del 1980 y 1990’s. Monroig fue cofundador de la Unión Caribeña de Fútbol y llegó a ser vicepresidente de la CONCACAF.

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La amnesia histórica de esta generación actual que trabaja por el fútbol de Puerto Rico solo recuerda hasta el 2004, y algunos los tiempos del licenciado Luis Russi Dilán; aquellos tiempos oscuros donde el fútbol casi muere en Puerto Rico porque solo se actuaba buscando el beneficio propio. A tal extremo que a pesar de que Monroig deja el aval para los Puerto Rico Islanders en el 1995, Russi Dilán lo quitó.

Monroig soñaba con el fútbol profesional en Puerto Rico. Monroig sabía que sin profesionalismo, Puerto Rico jamás lograría el potencial que tiene esta Isla.

Es lamentable que aquellos que vivieron la generación dorada del fútbol puertorriqueño no hayan escuchado el llamado a servir. Nuestra querida industria se ha olvidado lo que es genuinamente tener un grande dirigiendo la federación. Joe Serralta padre no fue perfecto, pero desde Monroig, ha sido el único que se ha acercado a la figura de Monroig.

La grandeza de Monroig no era solo su trabajo propio. Monroig fue grande porque supo rodearse de personas competentes, que no tenían ansias de poder, que compartían su visión, que veían el crecimiento del fútbol con humildad. No había un culto de personalidad. Lo que importaba era que el fútbol de Puerto Rico saliera a flote. A tal manera que una de las razones principales por las que Monroig renuncia en el 1982 fue para proteger el fútbol. Se ponía al fútbol por encima de las personalidades o de los intereses personales. No importaba quien estuviese en la presidencia, lo que importaba era que el fútbol progresara.

Hemos olvidado las enseñanzas del Dr. Roberto Monroig como industria. El fútbol de Puerto Rico no progresará jamás si no conoce su propia historia de sobre 100 años. Cuando hay comunicadores que dicen que la gesta más histórica que se ha realizado en Puerto Rico fue el Puerto Rico v. España del 2012, se debe concluir que no saben la historia del fútbol de Puerto Rico. Cuando tienes personalidades en nuestro fútbol que dicen que la actual administración federativa es la mejor que ha tenido Puerto Rico, es porque o quieren negar la trayectoria del Dr. Monroig o realmente no les importa la historia del fútbol de Puerto Rico porque «¿que pueden saber los boricuas de fútbol? Esos solo saben de beisbol y boxeo».

Cuando tienes presidentes federativos reclamando hitos históricos, como cuando dijeron que era la primera vez que visitaba un presidente de la FIFA o que contrataban la primera mujer Secretaria General, es porque se carece de una memoria histórica y se quieren adjudicar logros que no son de ellos.

Pero bueno, si Monroig fuera presidente hoy en día, dudo mucho que se hubiera tan siquiera a trevido pedirle a un Secretario de Recreación y Deportes que se le diera prioridad a los atletas en la vacunación contra el COVID-19. Como médico, Monroig se desvivió por ofrecer servicios médicos de calidad para los menos afortunados. Ese era Monroig, un huérfano que nunca olvidó de donde salió, de las montañas de Utuado y de las calles de Santurce. El padre del fútbol guayamés, y el hijo olvidado del fútbol puertorriqueño.

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