
El pasado lunes 10 de agosto, las confederaciones de Norte América, Europa y Asia emitieron una carta abierta en la que, de manera elegante, piden transparencia y un cambio de liderazgo en la FIFA.
“Esto trata de algo más fundamental: la integridad del juego y la integridad de quienes son elegidos para dirigirlo. El liderazgo en el fútbol no es una posesión. No se trata de retener —ni de exigir— el poder para conservarlo. Es un deber de servicio a la familia del fútbol que se lo confía. Cuando se rompe la confianza mediante el engaño, cuando un individuo se coloca por encima del colectivo que le confió la autoridad, ese deber ha sido abandonado.”
Son palabras fuertes, usadas claramente para enviarle un mensaje a Gianni Infantino. El hecho de que se hayan hecho públicas denota que los canales de comunicación están rotos.
Hace unos días hablé de cómo el sistema de patronazgo es el principal escollo que tiene la FIFA. Los presidentes de las asociaciones miembros se perpetúan en el poder apoyados en este sistema. Para que haya reforma arriba, debe haber reformas serias abajo.
La palabra integridad significa firmeza y coherencia en los principios morales, la honestidad y la rectitud. Una persona íntegra actúa de acuerdo con sus valores: no engaña, no traiciona la confianza depositada en ella y no antepone su interés personal al bien colectivo.
Cuando tienes líderes que le echan la culpa de todo a los demás, como lo ha hecho Infantino, eso no es tener integridad. Tampoco lo es cuando quitan credenciales a miembros de la prensa porque no les gusta la fiscalización, en lugar de aceptar errores, como en su momento lo hizo Joseph Blatter.
No se puede hablar de integridad cuando las reglas se aplican de manera selectiva o se cambian para favorecer al caudillo de turno. Me parece hipócrita que el liderazgo de la Concacaf, de forma correcta, le exija transparencia e integridad a Infantino, pero no haga lo mismo con sus propias asociaciones nacionales.
Tal vez veamos cambios. Pero si estos no parten desde las bases hacia arriba, serán solo cosméticos. Vendrá el próximo Infantino y la historia se volverá a repetir. Si genuinamente hay interés en reformas las confederaciones deben examinar los estatutos de sus asociaciones miembros y asegurarse que lo que le critican a Infantino y a la FIFA no se esté repitiendo entre sus miembros.








