16-Oct-2008

Luego de algún tiempo ausentes por diversas causas, retomamos el espacio Tiro de Esquina para hablar del acontecer del fútbol puertorriqueño y mundial.

Sin dudas la magnífica temporada de los Islanders de Puerto Rico ha sido un tema dominante en los últimos meses.

La Tropa Naranja se lució en la USL dominando a gusto en su temporada regular, con impresionantes cifras en todos los renglones, además de una tremenda racha sin derrotas.

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Luego protagonizó una tremenda remontada para eliminar a los Rhinos de Rochester en las semifinales.

Y finalmente llegó la final en Vancouver, que se inclinó a favor de los locales Whitecaps por 2-1.

El resultado no demerita en absoluto la histórica temporada de los naranjas. Prueba de ello fue el caluroso y emotivo recibimiento que le ofrecieron sus seguidores en el Juan Ramón Loubriel. Para ellos, los Islanders son sus campeones. Así lo sienten.

La Tropa Naranja se encuentra también activa en la Liga de Campeones de la Concacaf, donde igualmente está haciendo una gran campaña y está en excelente posición para lograr el pase a la siguiente fase. Pero ese será tema para otro comentario…

Ahora preferimos resaltar varios aspectos valiosos y otros polémicos de la temporada naranja en la USL.

Respaldo de la fanaticada

Si bien no fue la temporada con la mejor cifra de asistencias, el respaldo ha sido muy positivo. Hay ya un sólido grupo de seguidores no solo de los Islanders, sino del fútbol, que no faltan a los partidos.

También en los juegos de la PRSL se ha visto ese apoyo, pese a que fue apenas la primera temporada de esa liga, y que algunos equipos mostraron que todavía tenían que afinar muchos detalles de su organización.

La fanaticada naranja crece por días, y incluye a jóvenes, niños y adultos por igual. La gente entiende cada vez más del juego, conoce a sus jugadores, y se les oye incluso discutir de posibles estrategias que entienden que pueda usar el equipo.

Los foros cibernéticos donde se habla de los Islanders también andan creciendo. Y la irrupción positiva en la Concachampions ha catapultado la fama de la Tropa Naranja incluso a otras naciones.

Sin embargo, llamaremos la atención en dos asuntos que consideramos negativos.

Primero: En los foros cibernéticos, particularmente en las discusiones sobre partidos contra clubes de otras naciones, la euforia ha llevado por momentos a la irracionalidad, e incluso a insultos raciales y xenófobos.

Ningún triunfo, derrota, malas acciones arbitrales, malas decisiones o lo que sea, justifica ni avala tales conductas, ya sea que salgan desde Puerto Rico o que vengan de otros sitios contra Puerto Rico. El hincha sensato y que se respeta y verdaderamente ama al fútbol, no ofende al rival, ni en el triunfo ni en la derrota.

Segundo: Un par de incidentes esporádicos ocurridos entre el público del Loubriel, que fueron la única mancha contra el público en la temporada.

El primero no fue en partido de la USL, sino en el histórico triunfo 3-1 contra el campeón mexicano Santos Laguna. En las gradas se produjo una pelea, presuntamente entre fanáticos de México y de Puerto Rico.

No tengo lo detalles del pleito. De manera que no puedo acusar a ningún grupo o individuo inició justificada o injustificadamente la pelea. Sí hago notar, que no recuerdo de otros incidentes similares. Pero otra vez llamaremos a la tolerancia. No es necesario molestar más de la cuenta al fanático del rival abatido, y también los vencidos deben tener cierta dosis de tolerancia hacia el festejo del rival, particularmente cuando es en su estadio y ante su fanaticada, y por demás con ribetes históricos.

El segundo incidente fue la botella de agua que le lanzaron a un juez de línea a finales del segundo tiempo extra del segundo partido de la semifinal contra Rochester, justo antes que Cristian Arrieta anotara el gol de la victoria.

Otra vez, repetimos la premisa de que no importa la decisión errónea del árbitro principal, no se justifica ningún tipo de agresión como esa. Pero aún, tal conducta pudo haber desatado que detuvieran el partido y le otorgaran la victoria al rival. Después de todo, a los árbitros los pueden abuchear y hasta gritarle cosas no muy agradable que digamos. Así que la agresión física jamás debería ocurrir.

La afición naranja es excelente y los propios jugadores así lo han hecho notar. Es un gran espectáculo, un festejo de familia. Así que todos debemos velar porque se mantenga así, y que ninguna conducta desmesurada lo empañe.

Mal paso de la Liga

Los Islanders fueron grandes animadores por toda la temporada. Pusieron sazón. Fueron del sótano a la cima. Ganaron la Copa del Comisionado (por cierto, ¿dónde está ese trofeo?) al equipo ganador de la temporada regular. En fin, se ganaron el respeto con goles, con rendimiento, con grandes actuaciones individuales y colectivas.

Pero la liga le falló al equipo.

Cierto que le otorgó todos los premios individuales por los que estuvieron optando. Pero no fueron regalos, esos premios se ganaron. Como también se ganaron ser los anfitriones de la final, y eso no se lo otorgó la liga. Privaron a la fanaticada naranja de ese festejo, y en cambio le acomodaron la final a Vancouver (que por cierto, la ganó con goles y en buena lid – nada que decir en contra del los Whitecaps).

El enojo de los jugadores y fanáticos no era en vano. Incluso antes de conocerse los finalistas, la gerencia de los Islanders había anunciado que buscarían tener esa final en Bayamón. Montreal, que es posiblemente el equipo de la liga con más recursos, había anunciado que no disputaría la sede a los naranjas, en un gran gesto de reconocimiento.

Pero la Liga no cogió el mismo rumbo. La designación de la sede de la final a Vancouver, una movida de última hora, apresurada y tras bastidores, y bajo la sombra de la controversia por la transmisión televisiva, dejó mucho que desear. Ojalá sea un episodio aislado y no se repita, no se esperaría menos de la USL.

Los Islanders han regalado una gran temporada, que todavía no termina del todo. Han protagonizado emocionantes remontadas, goles de último minuto, partidos no aptos para cardíacos. Han hecho una familia con sus seguidores. Y la atmósfera en el Juan Ramón Loubriel es excelente.

El próximo 23 de octubre vuelven a la cancha para su último partido de la fase de grupos de la Concachampions y han pedido a toda la fanaticada que acuda y replete el parque. Para quienes todavía se ha contagiado con la efervescencia naranja, esta será otra oportunidad, quizás una de las últimas de este año, pero que podría enviar a los Islanders a colocarse entre los ocho mejores clubes de la región.

Por Marcos y Osman Perez (http://www.elnuevodia.com/diario/blog/475034)

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