
Caguas, Puerto Rico – La Selección Femenina de Puerto Rico volvió a hacer sentir su fuerza el 27 de febrero en el Estadio Juan Ramón Loubriel de Bayamón, en un partido que dejó claro por qué el combinado boricua ocupa la posición 81 del ranking FIFA. El 10-0 ante San Vicente y las Granadinas no fue solo una goleada; fue una demostración de carácter, ritmo y convicción en plena ruta clasificatoria hacia el Mundial de Brasil 2027.
El Loubriel comenzó a pintarse de rojo, blanco y azul mucho antes del pitazo inicial. A la entrada del estadio se regalaban banderas de Puerto Rico y, poco a poco, las gradas se fueron llenando de familias completas, niños con camisetas de la selección, adultos mayores y ese murmullo previo que siempre anticipa una buena noche de fútbol.
La fanaticada rondó las mil personas, un público presente, atento y orgulloso. Cuando el reloj marcó las 8:00 p.m. y el balón comenzó a rodar, ya se sentía que la noche iba a ser especial.
Desde el inicio, Puerto Rico salió con un once bien definido: Sydney Martínez defendiendo la portería; Amber DiOrio, Catlin Cosme, Verónica García y Gemma Gillespie conformando la línea defensiva; Emma González, Camila Adame y Jailene de Jesús manejando el mediocampo; y en ataque, Jillienne Aguilera como capitana acompañada por Danielle Marcano y Juelle Love.
En los primeros minutos se hizo evidente el plan. Presión alta, circulación rápida y mucha amplitud por las bandas. El balón casi no abandonaba los pies boricuas y la recuperación tras pérdida era inmediata.
Al minuto 20 el marcador ya reflejaba un 2-0 que apenas insinuaba lo que venía. Los pases filtrados rompían líneas defensivas con facilidad y las jugadas a balón parado generaban peligro constante.
Antes del minuto 38 el marcador ya estaba 5-0. La intensidad no bajó, cada recuperación en campo rival se convertía en transición ofensiva y cada llegada terminaba con sensación clara de gol.
La primera mitad cerró 7-0, una cifra que resumía lo visto en la cancha: dominio total y contundencia.
En el segundo tiempo el ritmo se administró más, pero el control nunca cambió de manos. Fue en esta mitad cuando llegó el penal que amplió la ventaja. A pesar del marcador, la portera de San Vicente tuvo intervenciones destacadas.
Con varias atajadas evitó que la cifra fuera todavía más amplia, respondiendo con reflejos y valentía ante disparos a corta distancia.
Cada gol se celebraba primero dentro del área y luego frente a las gradas. Las jugadoras se abrazaban, señalaban el escudo y levantaban los brazos hacia el público. No fue una noche de cánticos constantes, pero desde las gradas el “¡Puerto Rico!” se escuchó en momentos claves.
La conexión era evidente, Jillienne Aguilera lideró con intensidad, marcando el ritmo del equipo y celebrando junto a sus compañeras cada conquista.
La noche terminó como empezó, con banderas en alto y una sensación que fue más allá del marcador. Este equipo no solo está ganando partidos; está construyendo identidad, confianza y una conexión cada vez más fuerte con su gente en el camino hacia Brasil 2027.
El triunfo se suma al sólido momento que vive la selección, que recientemente finalizó invicta en la Turkish Women ‘s Cup, resultado que impulsó su ascenso en el ranking FIFA.
Ahora el reto continúa con sus próximos compromisos ante Islas Vírgenes de Estados Unidos el 5 de marzo y México el 18 de abril. Con actuaciones como la del Loubriel, Puerto Rico sigue enviando un mensaje claro en la región: el sueño mundialista está más vivo que nunca.










