Tal y como dice mi compañera Natalia en su entrada más reciente de esta columna, el fútbol español está a la vuelta de la esquina. Y mi propósito con esta entrada no es simplemente repetir los hechos que han acontecido recientemente, sino hacer una breve reflexión sobre verdadera razón de la vuelta del fútbol en España. 

Como todos sabemos, Francia anunció de manera definitiva la cancelación del resto de la temporada de la Ligue 1, coronando como campeón al PSG. Por su parte, Holanda también hizo lo propio, pero dejó a la Eredivisie sin un ganador claro. Es lo más justo y lógico, puesto que desde siempre se ha coronado campeón de liga a aquel club que, habiendo jugado en dos ocasiones contra todos los rivales, tenga la mayor cantidad de puntos. Si esto no es así, no vale la pena otorgar títulos a clubes que no han dado la vuelta a la manzana. 

España, por su parte, es el segundo país en el mundo con la mayor cantidad de contagios de COVID-19 y se niega a adoptar estas modalidades. El regreso de la liga de dicho país se proyecta para junio, con miras a terminar el campeonato. Mi pregunta es, ¿de quién es el fútbol?

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En su esencia, el fútbol es de los aficionados. Y claro que todos quieren que el fútbol vuelva y que la normalidad regrese, ¿pero cuál es la urgencia? Estoy seguro que cualquier fanático prefiere a su atleta favorito seguro, antes que en riesgo. 

El fútbol, nos guste o no, no es una cuestión de vida o muerte. Y aunque La Liga ha anunciado protocolos sanitarios para los partidos a puerta cerrada, la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles) no está conforme con los mismos. En blanco y negro: los jugadores tienen miedo. La propia plantilla del Eibar lo ha dicho textualmente via comunicado de prensa: “Tenemos miedo a iniciar una actividad en la que no podremos cumplir la primera recomendación de todos los expertos: el distanciamiento físico.”

¿Porqué garantizarle protocolos, pruebas y demás ayudas sanitarias a los futbolistas? El fútbol no es una actividad esencial; hay muchísimos otros profesionales que han tenido que salir a la calle a trabajar sin las medidas adecuadas de protección. ¿Por qué arriesgar a contagiar a personas que simplemente no son esenciales, ni tienen la necesidad económica de trabajar?

Habrá quienes argumentarán que el valor económico del fútbol es demasiado alto como para cancelarlo. A esas personas les digo, ¿qué economía subsiste sin personas? Hay muchísimo dinero en juego, pero también hay vidas. No se puede pretender que la vuelta de esta operación masiva no represente un riesgo. Y no solo abogo por las vidas de los futbolistas, sino por aquellas personas que se podrían ver afectadas por una segunda ola de contagios por su condición económica o de salud. 

Mi único deseo, de corazón, es que la vuelta forzada del fútbol no represente también la vuelta del COVID-19. Si este es el caso, y vuelvo y cito a mi compañera Natalia, ya sabemos a quienes mirar: a aquellos que han priorizado, y continúan priorizando, su dinero por encima de las demás vidas. 

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