Extraida Goal Nation

Ser madre de un portero es algo fantástico. Mi orgullo de madre llega a su máximo nivel cuando veo desfilar a mi portero favorito, el más guapo. ¿Que me dicen cuando mi super portero se coloca frente a esa portería con toda la seguridad del mundo muy convencido de que es el mejor? Pero tener esta posición tan fabulosa tiene unas exigencias que van más allá de cualquier otra posición. La responsabilidad, la preparación física, la preparación mental, las habilidades, la concentración, la agilidad y la PRESION van más allá de lo que una simple mortal como yo puede soportar. Es una posición de riesgo, es una posición en donde se demuestra de lo que están hechos.

Créanme que he visto de todo. Desde los que no dejan pasar por esa portería NADA hasta los que ni la vieron cuando paso.

Pero primero les contaré mis traumas, ¿Que hago cuando ocurre un gol? Admito que muchas veces grito y hasta pierdo la compostura cuando ocurre un gol. Conozco a mi hijo, se coloca ambas manos en la cintura, le veo la carita de frustración y siento en mi corazón esa sensación de culpa, pero nada como fan #1 sigo dándole “refuerzo positivo” para que siga con el mismo ímpetu que comenzó el partido. ¿Y que tal si se lesiona? Mira que mi hijo a recibido golpes de todas clases, los pads calientes, los sobitos para el dolor, el hielo y miles de remedios los he utilizado. Al fin y al cabo muchos ni funcionan pero aun así estoy convencida de que lo van aliviar. ¿Y cuándo se fractura algo? Tengo un master degree en cómo manejar fracturas de dedos, créanme que tengo muchaaaaa experiencia en fracturas. ¿que me dicen cuando un jugador “sin querer” atropella a mi lindo portero? ¡Esto no se vale, no he infartado de milagro!

Pero no olviden, ¡los benditos penales! Hablando con mis compañeras madres de porteros la mayoría coincidimos que el momento más tenso en esta posición son los penales, nos da taquicardia, nos comemos las uñas (no importa si son acrílicas) lloramos, gritamos. ¡OMG es algo terrible no apto para cardiacos! Pero aun así sobrevivimos, ¿que me dicen cuando pierden un juego en que el gol bien bobito hizo la diferencia entre ganar o perder? Ahí tenemos que utilizar nuestra psicología barata para animarlo y manejar este momento de culpa y frustración. ¡Créame no es fácil!

Pensarán, ¡no quiero que mi hijo sea portero! Tranquilos. Les diré que esta posición tiene unas satisfacciones muy grandes. Mi hijo es muy analítico, eso lo heredo de su papá, es muy calmado, eso también lo heredo de su papá y tiene unas habilidades que no todo los jóvenes de su edad poseen. Ha desarrollado agilidad, fortaleza y ha sabido manejar los momentos de mucha presión tomando las mejores decisiones. ¿Que me dicen del orgullo más grande cuando detiene un penal? Esto es la mejor sensación que una soccermom puede tener. Se me infla el pecho de tan solo pensarlo y más aún cuando algún papá del equipo contrario lo felicitan por su buen desempeño. Las medallas y los trofeos pasan a un segundo plano cuando vemos la cara de satisfacción de un trabajo bien realizado.
Vieron que ser madre de portero no es fácil, ni tía de portero tampoco lo es.

Pero aun así lo importante es hacerle entender a nuestros hijos que primero que el éxito, las medallas y los reconocimientos, e independientemente sea la posición que juegue o lo que desee hacer en la vida, su prioridad debe ser que disfrute y ame lo que decida hacer. Y sobre todo que SEA FELIZ primero. Esto es lo que debemos inculcar en ellos. Así que siéntase muy orgullosa de ser madre de un deportista porque el triunfo de ellos son el resultado de mucho trabajo y mucho sacrificio. Claro que si de eso no tengo duda.

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