Techo de la gradería izquierda del Estadio Metropolitano. Suministrada

Pasan los días y la impaciencia de las masas en los primeros días se transforma en conformismo. Nos acostumbramos a las largas filas, nos acostumbramos a no trabajar, hasta nuestro cuerpo se acostumbra a no tomar ese vasito con hielo que tanto nos llena de satisfacción, nos acostumbramos a simplemente dejar que pase el día y cambiar nuestra vida a modo de sobrevivencia. Es muy difícil no dejarse llevar y caer en lo mismo de los más, que el conformismo y el letargo nos arropa. Inclusive es hasta conveniente, el no hacer nada y dejar que pase el tiempo.

¿Pero saben algo? Debemos reaccionar darnos cuenta que la vida sigue, que esto es pasajero y que poco a poco vamos a salir. Es muy fácil darse por vencido y huir del gran monstruo que nos enfrentamos. Es muy fácil renunciar y salir corriendo. Es muy fácil caer en un sueño profundo y pensar que vivimos en una pesadilla que no acabará.

Ya paso lo peor. Como la etapa de duelo ya paso la etapa de la negación y llego la etapa de quitar el modo de sobrevivencia al modo de LUCHAR. Luchar por nuestros hijos, luchar por nuestro hogar, luchar para lograr nuestras metas, luchar por no quedarnos estancados y seguir nuestras vidas de una manera o de otra. Consiente estoy que no es fácil, consiente estoy que es duro, consiente estoy que muchos han perdido todo lo que habían logrado y amaban, consiente estoy que nuestras dudas están llegando, consiente estoy que hay personas peor que nosotros, consiente estoy que no me voy a cruzar de brazos y dejar que otros hagan lo que yo debo hacer.

Como un deportista, debemos ser persistentes, seguir y seguir hasta que esa jugada genial llegue, seguir y seguir hasta que el cambio llegue, seguir y seguir hasta ser el mejor y alcanzar el éxito que queremos. No debemos dejar nuestros sueños a un lado pues de eso trata la vida. Las grandes ideas comenzaron con un sueño.

Es momento de reinventarnos, es momento de cambiar nuestras actitudes, es momento de respirar profundamente zapatear la tristeza y no mirar atrás. A mal tiempo buena cara, decía un gran sabio, y tenía toda la razón.

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